Pues como cestos, decía..

Las tascas de pueblo y las de barrio tienen el inconveniente de que van siempre los mismos y la gente recuerda las tonterías que dijiste el día anterior. Sin embargo, cuentan con una virtud que les confiere un carácter especial: que sabemos algo de la vida del que habla, y podemos saber en qué está pensando cuando dice unas y otras cosas.

Por eso, el otro día, cuando discutían en un bar de la montaña por qué hay tanto paro y qué se puede hacer, llegué a una reflexión a la que no hubiese llegado nunca leyendo artículos o frecuentando a los medios de comunicación, por sesudos que fueran.

El paro, amigos, es un problema de valor añadido. Al menos en España.

No lo dijeron así, desde luego, pero a medida que iba escuchando a unos y a otros llegué a la conclusión de que le problema, el verdadero problema que yo veía delante, es que la gente sabe hacer un montón de cosas. La gente, en general, se esfuerza, trabaja y conoce su medio. Pero el medio que conoce y las cosas que sabe hacer no tienen ya valor económico alguno.

Cuando escuchas a un especialista en carburadores y a un artesano de cestos de mimbre hablar sobre el paro, lo ves claro: sois buenos trabajadores, ¿pero qué vale ya lo que vosotros sabéis hacer? ¿Hay alguien dispuesto, por esa clase de trabajo, a pagar catorce meses de sueldo, más seguridad social a cambio de once meses de trabajo?

Me temo que no. Y no es que haya que flexibilizar las condiciones de trabajo: es que hay que encontrar actividades rentables donde se necesite gente, y el problema, por mil razones, es que lo que la gente sabe hacer, ha perdido su valor. Como la fruta. Como el trigo. Como los carburadores. Como los cestos de mimbre….

P.D: Por cierto: no os perdáis el artículo sobre el malabarismo de las facturas en Fraude Fiscal…