No iba a venir. Ya te dije que no veía...

Me cuenta nuestro webmaster que han creado un servicio de correo diferido, con el que envías un correo hoy y el sistema te lo guarda hasta la fecha y hora indicadas para que se envíe en ese momento. En teoría, el invento tiene muchas utilidades, como evitar que se envíen cumpleaños, enviar correos desde el trabajo cuando no estás en el trabajo, gastar bromas, hacer recordatorios, y hasta escribir últimas voluntades, para que otro no cuente tu versión cuando te hayas muerto.

Vale, genial.

Pero yo le veo una utilidad más que me parece de máxima importancia: desafiar a los profetas, a todos esos pelmazos del “ya te lo dije” a que de veras vayan allí y digan AHORAS todo eso que se supone después que ya te habían dicho. Que vayan se mojen, y se arriesguen diciendo en este momento lo que va a pasar con esta u otra acción de la bolsa, que me escriban un correo diciendo lo que va a hacer fulanita si le hago contrato fijo, que me cuenten AHORA lo que va a pasar si llevo a los niños a ese colegio.

 Recibiré el correo cuando ellos quieran: dentro de un mes, dentro de un año o dentro de cinco. Pero que lo escriban ahora y ya veremos las risas que nos echamos a cuenta de lo “que ya me dijeron”, sin tener que aguantar que cualquier frase ambigua, sin riesgo, sin contenido y sin mensaje se convierta en el oráculo de Delfos, como tenemos que sufrir en estos momentos.

Venga, Nostradamus, es la vuestra… ¿A que no hay huevos?

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