Me ha llegado esta carta, me dice que si quiero publicarla, pues que la publique. Y así lo hago, pro si os interesa…

Cuando hablamos ayer pude palpar vuestra curiosidad por mi experiencia cubana. Así que os he preparado un resumito con mis impresiones más inmediatas.

Me gustó mucho reencontrarme con mi familia y con los amigos del barrio. Todos en general, yo incluido, más viejos y felices por volver a vernos. Fue una experiencia muy bonita.

La Habana encantadora, sucia, contaminada y nostálgica, como siempre. Con esos preciosos atardeceres caribeños con la dosis justa de sol, mar, metano, CO2, hollín, olor a gasolina, sudor, fritanga y pis. A  ritmo de regatón, salsa, merengue y bachata, dependiendo del carro que pase por delante.

Por la noche todo muy tenue y romántico, muy al estilo de Fidelio Ponce. Ahora la gente tiene unas bombillas de bajo consumo que no alumbran una mierda; pero resaltan como nada la decadencia del entorno. Incluso podríamos decir que las puñeteras “lucen bien”. Finalmente aquellos incomprendidos que en 1947 expusieron en el “ Cuban Modern Paintings in Washington Collections”, tienen su espacio… La Habana.

Las calles, llenas por igual de baches y policías. Los primeros entrópicamente dispuestos por toda la ciudad, con la aleatoriedad propia de ciudades como Bagdad, Mazar e Sharif, Kabul, Mogadisco, Cachemira, Basora o Beirut. Los segundos, alineados cada 200 metros a lo largo de las principales avenidas con una función no muy definida, a medio camino entre el “Dolce far niente”, y “I Want you for the Army” del Tio Sam. Y digo poco definida, por no decir desconocida. La presencia de tanto policía no mejora el tráfico, ni impide el trapicheo en la calle, la estafa al turista o el robo al estado. La violencia se ha incrementado y el soborno está institucionalizado.

Pensemos que alguna función ha de tener semejante derroche uniformidad, solo que de momento el estado, por razones de seguridad, lo mantiene en secreto. Los taxistas olvidaron el taxímetro y los camareros el ticket en la cuenta. Todo según demanda-oferta bajo el ejido del “Salus populi suprema lex “… El bien del pueblo sea la suprema ley…. muy selvático, primitivo. Apasionante en fin.

La calidad de la opinión… pésima. Fue imposible tener una discusión decente sobre casi nada. La gente dice cosas como que “Faceboock está manipulado por la CIA”, hablan de “El éxito del nuevo modelo económico cubano” vs “La situación de empobrecimiento que existe en Estados Unidos”. Opinan que “La crisis mundial, no es producto de una escasez de recursos, se debe a una transferencia de riquezas hacia pocas manos”, como es lógico pensar dicha situación conduce a “La quiebra del modelo capitalista a nivel mundial.”

No hay falta de información, hay verdadera necesidad de la misma. La gente Interpreta el Grannma como runas para luego predecir lo que va a suceder en el próximo congreso del partido. Viven en un mundo completamente irreal; con información, pensamiento, opinión y riqueza propia de un eremita. Es como si Zaratustra te hablase sobre “Las armas nucleares y la supervivencia del Homo Sapiens”.

En el pueblo afín, hay una mezcla entre el conformismo de “Nemo patriam quia magna est amat, sed quia sua” de Séneca (Nadie ama a su patria porque ella sea grande, sino porque es suya), con la añoranza de la gloria perdida, el deseo de recobrar la grandeza, y el desasosiego por no tener nada que llevarse a la boca. Un coctel molotov empaquetado en discurso un obsoleto.

El resto del país sobrevive, cosa que según un amigo nuestro, “Es lo que queda cuando se es demasiado cobarde para saber morir y demasiado apocado para saber vivir”.

Un beso para todos.