Ahora que vemos a los políticos en las furgonetas de la guardia civil caminito de Madrid más de uno puede que se esté frotando las manos. Porque a ver, ¿qué le produce más satisfacción a un español medio, ver cómo el poderoso cae o ver cómo el humilde triunfa? Porque en humilde opinión de este servidor desde que los romanos institucionalizaron el circo para ver cómo las fieras se comían a los cristianos y los gladiadores se mataban unos a otros hemos avanzado… nada.

Y si hoy no hay circos romanos es porque la pereza que daría ir hasta el circo la suple la televisión, y si no hay muertes en el fútbol, el congreso de los diputados o los programas basur… de entretenimiento vario quería decir es porque cuesta más adiestrar a un nuevo contertulio que a un gladiador.

En un estado en el que la gente ve la protección de sus datos de carácter personal como un curso similar a los de papiroflexia, cuando la gente no protesta porque con sus ahorros se rescatan a bancos que han sido negligentemente gestionados por ser públicos, cuando los partidos políticos que más crecen son los que quieren ¡¡¡hacer más banca pública!!! como la que se ha hundido y rescatado, y cuando las empresas constructoras malviven mientras las empresas de asesoría financiera ven un resplandecer, algo hay que plantearse.

¿Qué es ese algo? Que tal vez los políticos no son tan malos como los pintan, sino que son fiel reflejo de lo que quiere el público. Porque vamos a ver, en televisión echan a todas horas esas “tertulias” que tratan esos temas de ese calado intelectual porque se ven.

Y que se sepa, de momento a nadie le han puesto una pistola en el pecho para ir a votar a los que hay, y si alguien se cree mejor y más listo pues se monta un partido político. ¿Podemos hacerlo? Pues sí (nótese la ironía), pero hay que entrenar.

Así que la próxima vez que alguien critique un programa de esos tan “intelectuales” que cambie al canal discovery y le aumente el share, que cuando sea líder de audiencia los demás copiarán y cuando le entre a alguno ganas de criticar a los políticos, pues que se junte con sus compañeros de trabajo y piense ¿Podemos hacer un partido diciendo las primeras cosas que se nos ocurran, por barbaridades que sean, como que nos paguen 1.000 euros a cada uno los ricos simplemente porque nos da la gana? Y a lo mejor alguien dice “Podemos”, y acaba usted siendo político.