A veces, por sostener una ideología, nos cargamos la realidad...

A veces, por sostener una ideología, nos cargamos la realidad...

¿Conocéis a algún pobre? No me digáis que no, proque en ese caso tendré que preguntaros de qué platillo volante os bajásteis o cuando os desperaton del coma.

Los hay a mansalva: los que se ven y los que no se ven, aguantando malamente con cuatro perras hasta fin de mes para mantener la dignidad, que a menudo es lo único que tienen. En España siempre pasa igual: los que gritan no suelen coincidir con los que sufren.

Hay pobres a punta pala, seamos sinceros, y para hablar de lo que es la pobreza y lo que de veras se hace por remediarla en el mundo real, ese que no sale en los periódicos, ni en los mítines, ni en las estadísticas, lo mejor es preguntarles a ellos. Darles voz. Saber lo que de veras sienten y pensan.

Yo lo he hecho. Les he preguntado a dónde acuden cuando no hay nada en los armarios ni un duro en la cartera. Les he preguntado dónde van a comer, o dónde van a buscare unos zapatos, o un abrigo en invierno, o incluso unos euros para pagar el recibo de la luz y no quedarse a oscuras.

¿Y sabéis qué pasa? Que los asistentes sociales hacen una labor estupenda, y que escuchan a al gente, y que se hinchan, se inflan, revientan a rellenar papeles y formularios para conseguir una aportación o una ayuda. Que los ayuntamientos tienen unos departamentos sociales muy brillantes, con sus especialistas en igualdad, en maltrato, en drogas y en no sé cuantas lacras más. Que la administración regional pone aquí y allá su granito de arena tratando de remediar algunos de los casos más sangrantes.

Todo esto es verdad, pero el caso es que en el momento decisivo , cuando las cosas están jodidas de veras, cuando sólo hay agua en el puchero, cuando hace frío y no hay a dónde ir, los que dan la cara y entran de veras en contacto directo, cuerpo a cuerpo con la pobreza, son las instituciones de la Iglesia. Jode reconocerlo, pero no somos nosotros los que tenemos que opinar, sino ellos, los que las pasan putas. Y lo que dicen es esto. 

Son los albergues de transeúntes de los curas, los comedores de Cáritas, las parroquias, y hasta muchas veces los colegios concertados de monjas y frailes donde, a escondidas, reparten entre las familias lo que sobró de las raciones de los internos, de los comedores de los niños ricos y las meriendas de los abuelos en sus residencias de ancianos.

Por eso, aunque sólo sea por eso, yo voy a poner la crucecita en la declaración de la renta para la Iglesia Católica. Aunque me pase por el forro sus procesiones, sus sermones, su olor a rancio y sus salidas de tono ultramontanas.

Porque cuando hay que estar, están. Porque cuando llamas a sus puertas, te abren. Porque cuando los demás te dan papeles que rellenar, ellos te dan un bocata, una manta, y una cama.

Y ni partidismo, ni apología, ni ideología, ni leches. Simplememnte les he preguntado a los que las pasan negras. Probad vosotros y decinos que os cuentan.

Probad. Hay pobres de sobra.