Os juro que lo azul de la foto no es el Atlántico...

Acabo de volver de Zamora, de estar allí con unos clientes, y la verdad es que alucino.

El problema de Zamora no es sólo que e Cartógrafo Mayor la pusiera en una esquina por donde nadie pasa, sino también y creo que sobre todo, la manía secular de pensar que Portugal no existe.
Porque  si Zamora estuviese junto a la frontera de Francia todo sería distinto, la verdad. Pero resulta que Zamora no está en los Pirineos: no tiene limitada su movilidad por una cordillera de mucho peñasco, mucha nieve y muchos miles de metros de altura. Lo único que Zamora tiene a su espalda es más tierra, igualita que la suya, y más gente, también como la suya, y la continuidad de un río que sigue frontera abajo con total indiferencia a la latitud exacta donde algún tonto caducado puso una frontera.
Seamos serios, paisanos: Zamora queda en ninguna parte, pero no porque sea una isla, ni porque sus costas miren a un océano infranqueable. Zamora está “en casa Dios” porque no se ha hecho ningún esfuerzo real  de comprensión, de colaboración, ni de coordinación socioeconómica con los portugueses, que son tan vecinos y tan horizonte económico para los zamoranos como pueda serlo León o Valladolid.
Dejad ya de joder: Zamora está en una esquina porque quiere, sobre todo en estos tiempos de ausencia de fronteras, normativa común y moneda única.
A lo mejor  alguien debería echar un vistazo al modelo alemán, o al modelo checo, donde las fronteras entre sí, o la frontera con Austria, es un simple convencionalismo donde la gente va a trabajar o a hacer la compra de un lado a otro todos los días. Deberíamos echar un ojo a sus infraestructuras comunes, pagadas a escote, y a sus esfuerzos doblados, y hasta triplicados para que en la regiones fronterizas no se duplique y tripliquen los gastos. Viena y Bratislava, las capitales austriaca y eslovaca respectivamente, están a treinta kilómetros, y a estas alturas deben haber acordado hasta el reciclado de basuras en común, sin que nadie entienda que pierde su soberanía. Sólo es cuestión de hacer que las cosas funcionen mejor y más barato. Sólo es cuestión de usar la cabeza para algo más que llevar la boina.
Pero en España no.
Aquí lo que ocurre es que mantenemos esa mentalidad medieval de que al otro lado hay monstruos, de que una vez que se llega a la línea de demarcación empiezan los precipicios insalvables donde se pierden los hombres y las almas. Y no es así. Zamora no es una esquina. Es un territorio central con Castilla al este, León al norte, Salamanca al sur y Portugal al oeste. Es así. No hay quien lo niegue, pero a nuestros políticos, siempre originales y decididos, ni se les pasa por la imaginación convertir en realidad económica y vital la evidencia de los mapas, sobre todo porque el único mapa que han visto es el del tiempo y ahí no sale Portugal.
Es la leche…