Para el que se pique...

Se discute mucho últimamente sobre la reformea del Impuestod e sociedades y sobre la posibilidad de reducir deducciones. Y la verdad es que en parte estoy a favor y en parte estoy en contra, y lo explico:

-En un momento como este, en el que todo el mundo está haciendo esfuerzos, no es posible que las rentas del trabajo sean gravadas con mayor dureza que las rentas del capital. El esfuerzo debe ser esfuerzo de todos y repartirse equitativamente. Eso, lo primero.

-Por otro lado, no todas las empresas son iguales. El umbral de rentabilidad de una empresa depende en gran medida de los impuestos y de cual es su beneficio después de impuestos. Si los impuestos son muy elevados, a los dueños del dinero les va a salir más rentable invertir en deuda pública que en poner fábricas o fomentar actividades que generen empleo, así que hay que tener mucho cuidado con eso.

Por tanto, hay que encontrar el equilibrio. ¿Y dónde est6á ese equilibrio?

Para mí en el punto en que una empresa suponga beneficio social o no lo suponga. Una empresa que genere trabajo en España tiene que pagar menos impuestos que una que simplemente se limite a vendernos cacharros fabricados en China. Y la razón la tengo bien clara: si se marcha de España la FASA Renault perdemos mucho más que si se cabrea Google o se cabrea Apple y deciden no operar en nuestro país. La empresa que deja dinero, empleo y cotizaciones sociales tiene que tener preferencia de algún modo frente a la que se limita a la comercialización de productos, tratándonos como a indios a los que se les cambia oro por baratijas.

Hay muchos modos de articular eso, pero por ejemplo, una buena manera, sería permitir desgravar hasta tres veces las cotizaciones sociales. Y el que no haya cotizado porque no tiene a nadie o casi nadie en plantilla, que pague.

Quede aquí la propuesta.