Uno de los principales problemas es España es precisamente este: que se valora más la sumisión que el trabajo.

Supongo que el cartel que veis a la izquierda lo puso alguien en plan de coña, o lo colocó algún empresario después de alguna bronca con un empleado anterior al que acababa de despedir, pero no deja de ser sintomático, o simbólico, como una bandera colgada en un balcón.

Ya he dicho otras veces que soy un pequeño, muy pequeño empresario, pero lo curioso del caso es que cuando hablo del  tema con otros empresarios hay muchos que le acaban dando la razón a esta idea: que el trabajador sea más o menos eficaz les importa poco, o al menos no tanto como que sea dócil, no ponga pegas y haga lo que se le mande.

No sé si esto se deberá a que el empresario se metió a empresario por ganas de mandar, porque no le hacían caso en ninguna parte o por mejorar su ego, pero desde luego soy de la opición de que si contratas a alguien lo que quieres es que produzca, que sepa desempeñar su puesto y que sea la típica persona que después de un tiempo se marcha para hacerte la competencia, como hice yo con mi anterior patrón, después de aprender en su empresa todo lo que quería aprender.

¿Tendrán miedo a que les hagan eso sus empleados?, ¿tendrán miedo a que si son demasiado buenos en su puesto se pongan por su cuenta? Ojalá fuera así, porque eso sería una conducta racional, pero mucho me temo que no van por ahí los tiros. Much0 me temo que para una buena parte de los empresarios españoles la empresa no es una cuestión de lucro, ni de desarrollo personal, sino simplemente de estatus. O de desahogo, que es peor aún. 

Lo cierto es que hoy por hoy, asciende antes un pelota que un tío eficaz. Prospera antes el que calla y la caga siguiendo tus instrucciones que el que te saca del marrón siguiendo su propia iniciativa.

Y así nos va.