Cuando uno se pone a pensar en sitios donde puede comer bien pocas veces piensa en catering. Sí, hay quien piensa en esos restaurantes de carretera donde te ponen platos llenos hasta arriba y comes por 6 euros para dos meses.

Hay quien piensa en el catering gourmet y restaurantes refinados donde las delicatessen son la clave de su oferta gastronómica. Y hay quien piensa en las bodas y cómo en ellas plato tras plato la manera de hincharse es el punto en común de muchos de los que allí se dan cita.

Si hay algo que funciona o que no funciona puede ser, precisamente, el saber elegir los mejores sitios para degustar aquellas viandas que queremos.

Comer en una boda como ejemplo de buen comer

La realidad es que las fincas en Madrid para bodas son hoy un sitio para estas celebraciones, como las masías en Barcelona o los caseríos en Bilbao y ello no implica buenas comilonas ni lo contrario.

Es por estas razones por las que los servicios de catering cobran una función primordial, y en no pocas ocasiones quedan lejos los tiempos de la construcción tradicional, el cocinero tradicional y el servicio tradicional.

Hoy son servicios de catering a los que se encargan estos menesteres con la intención de conseguir aquellas comandas deseadas por los novios para ellos y sus invitados, o incluso del wedding planner de turno para lograr “que todo salga bien”. La pregunta, volviendo al tema que aquí nos traía es: ¿se come bien en una boda, en una masía, en una finca para bodas o en un caserío dedicado a la restauración? Respuestas habrá para todos los gustos.

wedding planner

Los restaurantes, las películas y el cine

¿Quién no ha visto bodas de ensueño y granes banquetes? ¿Quién no conoce programas de afamados cocineros en que se semi tortura a sufridos concursantes gastronómicos?

En gran medida se llega a extremos como el de los juegos de algodón y sábanas de las películas americanas en las que las guerras de almohadas de las niñas y preadolescentes estaban siempre presentes en cualquier serie de comedia de la televisión.

Hoy se cambian esas guerras por combates culinarios guiados por superchefs de muchas estrellas michelín, aunque la realidad es que no sabemos si finalmente ahí está la gracia del asunto que tratamos.

¿Es mejor un restaurante michelin con chefs petulantes o finalmente nos decantamos por ese restaurante de carretera al que sabemos que nada más llegar, un olor saldrá a recibirnos fruto de los chuletones que hay preparados en las brasas?

Para gustos se hizo la comida.