Nos queda una larga travesía...

Mucha gente se ha echado las manos a la cabeza con la enésima pifia de comunicación del Gobierno, rectificando en el mismísimo BOE una decisión del día anterior a través de la memoria de errores. El error existe, por supuesto, y habría que fusilar al jefe de comunicación e imagen del Gobierno y del PSOE, pero no pasa de ahí: de un error de márketing y propaganda.

En la práctica la medida sigue siendo igualmente dolorosa para los ayuntamientos y las demás corporaciones locales. Es falso eso que algunos van diciendo pro ahí de que se ha organizado una cerrera de velocidad entre alcaldes y concejales de distintos ayuntamientos para conseguir un préstamo a la de ya. Es falso, porque tal y como está la banca, y sabiendo que le crédito no podrá ser renovado en 2011, los ayuntamientos tienen muy difícil conseguir esos préstamos. ¿Se lo van a prestar a largo plazo? La respuesta es no. La idea del decreto contra el endeudamiento municipal era restringir el gasto, y lo cierto es que la mecánica del día a día municipal consiste en pedir hoy un préstamo para pagarlo con el que pedirás el año que viene, y así hasta el infinito. Cuando se sabe que el año que viene no se podrá pedir otro préstamo, lo que se da por hecho es que tampoco te concederás el de este.

Por tanto, es igual que la ministra haya tenido que rectificar vergonzosamente a través d el fe de erratas. Es una cagada más, pero carece de importancia. De hecho, a mi juicio, de lo que se trata aquí no es de salvar a los ayuntamientos sino de salvar a la banca, ofreciéndole una coartada para poder seguir negándose a prestar dinero. A la banca, y muy especialmente a las Cajas de Ahorros, que al estar en manos políticas tenías más difícil negarse a las pretensiones de los mismos políticos que se sientan en su órganos directivos.

De lo que se trata es de decir a los bancos y a las cajas que se les va a pasar la cuchilla de afeitar y que, a cambio, pueden dejar de prestar dinero a ese agujero sin fondo que son y han sido los municipios.

Y como siempre, los que pagarán el pato serán los ciudadanos y las pequeñas empresas, porque el resultado de esta medida no será que los ayuntamientos gasten menos, sino que no pagarán las increibles, olímpicas, salvajes deudas que ya tienen con los pequeños proveedores, que son los comercios de su ciudad, ahorcados ya por esta deuda.

Los perjudicados no serán los políticos, ya lo verán, sino cualquiera que haya sido lo bastante confiado para venderle algo a un ayuntamiento pensado que ya cobraría con el crédito del año que viene. Lo bastante confiado, lo bastante avaricioso, o lo bastante desesperado, porque de todo hay.