Acabo de leer hace un rato esta noticia en Elmundotoday y aunque sé de sobra que se trata de un medio humorísitico, caracterizado por sacar las cosas de quizio hasta convertirlas en chsites, creo que hay una buena parte de razón en lo que se pretende denunciar.

El mundo de la publicidad, que conozco más de lo que quisiera, ha sido desde siempre un campo muy exigente donde la velocidad de pensamiento, los reflejos, y la capacidad de ver un poco más allá d elo que ve la gente común marca la diferencia entre hacerse multimillonario y dedicarse a estampar mecheros para constructoras, churrerías y talleres de coches.

Desde la confesión de que yo pertenezco al segundo grupo, al de los mecheros y los bolis de propaganda, quisiera hacer un par de reflexiones.

La primera, muy obvia, es que la droga no es exclusiva  de este sector, pero supone un curioso síntoma que dentro del ámbito de los negocios se consuma tanta cocaína, tanta anfetamina y tanta mierda de diseño entre los publicistas. Por mi parte, si me doy cuenta de que alguno de mis empleados se mete esa clase de mierda ya puede irse buscando otr cosa, proque a lo mejor me hace rico con una idea genial, pero si no es así creo que viy a tener que pagar vbajas mucho tiempo, y a medida que vaya cumpliendo años tendré que pagar por la bajada de rendimiento que va a sufrir.

Si yo fuese un empresario de los que cogen a la gente para seis meses, a lo mejor estaría de acuerdo en que la gente se metiese cualquier porquería para subir su rendimiento esos seis meses, y luego, el que viniese después, que se comiera el cerebro pómez. Pero como la gente que trabaja conmigo lo hace con contrato indefinido, prefiero que rindan lo que sea, pero a nivel constante. El trabajador es parte de mi capital y su deterioro es una pérdida, como cuando se me jode el edificio. El que no lo entiende es porque considera fungible al empleado. Lo tengo clarísimo.

La otra reflexión es sobre el nivel de exigencia. Los deportistas se drogan. Los ejecutivos se drogan. Los creativos publicitarios se drogan. ¿No será porque la velocidad y las exigencias de la sociedad no tienen nada ya que ver con lo humano?

Explotar a la gente no es sólo cuestión de pagarle poco o meterle horas. Explotar a la gente es también forzarla a que se exija a sí misma más allá de su capacidad, induciéndola a sacar de dentro, de una vez, lo que debería tadar meses en salir.

Por mi parte, como patrón,  lo tengo claro: reventar caballos no es ser buen jinete, sino todo lo contrario.