Banzai !!!

Como hoy vengo un poco friki, os copio por aquí un documento de análisis sobre los juicios por crímenes de guerra instruidos contra los japoneses tras la segunda guerra mundial. A veces parece de miedo y a veces de chiste, pero siempre interesante.

 Mientras que los acusados alemanes fueron condenados por haber fabricado el “jabón humano” (tomado en serio en la séptima edición del prestigioso Oppenheim & Lauterpacht’s International Law, vol.  II, p. 450), los acusados japoneses fueron condenados por haber fabricado “sopa humana.”

No se trata de un simple juego de palabras, ni de un error de imprenta (“Soap/Soup”); al contrario, en 1948, se consideró como un “hecho comprobado” que los japoneses eran una raza de caníbales incurables, a los cuales se les prohibió bajo pena de muerte devorar los cadáveres de sus propios muertos, pero a quienes se les fomentaba oficialmente comer a los norteamericanos.  Los norteamericanos habrían sido servidos fritos, o en sopa; los seres humanos habrían sido devorados aun cuando otros comestibles eran disponibles.  Es decir, los japoneses se habrían dedicado al canibalismo preferentemente por gusto más que por necesidad.  Las partes del cuerpo preferidas por sus cualidades culinarias serían el hígado, el páncreas, y la vesícula biliar; los chinos habrían sido engullidos en forma de pastilla!

Entre los procesos en los cuales esta acusación pretende haber sido “probado” se hallan, entre otros, U.S. vs. Tachibana Yochio and 13 others, Mariana Islands, 2-15 agosto, 1946; Commonwealth of Australia, V. Tazaki Takehiko, Wewak, 30 noviembre 1945; Commonwealth of Australia vs. Tomiyasu Tisato, Rabaul, 2 abril 1946; y el más complicado de todos los procesos de crímenes de guerra, el International Military Tribunal for the Far East (IMTFE), personalmente controlado por Douglas MacArthur, que comenzó en el mes de mayo 1946 y que duró hasta diciembre 1948 (véase The Tokyo Judgement, vol.  1, pp.  409-410, University of Amsterdam Press, 1977, pp.  49.674-5 del registro literal ciclografiado.

Los 25 acusados que sobrevivieron el proceso fueron todos condenados; 7 fueron ahorcados.

Sus crímenes incluían los siguientes, entre otros: Preparación, inicio, y ejecución de una “guerra de agresión” contra la Unión Soviética (la Unión Soviética atacó Japón 2 días después de Hiroshima en violación de un pacto de no agresión; en ese mismo día se firmó el London Agreement, en conformidad con lo cual se llevó a cabo el proceso de Nuremberg); preparación, inicio, y ejecución de una “guerra de agresión” contra Francia (Francia se halla en Europa); bloqueo ilegal marítimo y bombardeo sin distinción de las poblaciones civiles (caso contra Shimada; esto es, lo que hacían los británicos en Europa habría sido criminal si los japoneses fuesen culpables); juicio ilegal de “criminales de guerra” delante de un tribunal militar (caso contra Hata und Tojo; véase también U.S. vs. Sawada, probablemente la acusación más hipócrita posible; las víctimas fueron 7 norteamericanos que habían bombardeado sin distinción poblados japoneses, con 80.000 mujeres y niños quemados vivos); y canibalismo.  No se pretendió que los acusados hubieran devorado a nadie personalmente.

Las “pruebas” incluían: ” – informes de comisiones soviéticas de crímenes de guerra ” – informes de comisiones chinas de crímenes de guerra ” – informes soviéticos basados sobre documentos japoneses, que no se anexaron a los informes ” – sumarios de las agresiones militares japoneses en la China (establecidos por los chinos) ” – 317 Judge Advocate General War Crimes Reports (informes de comisiones de crímenes de guerra norteamericanos, total: 14.618 páginas); estos informes pretendian “citar” (al menos así se suponía) los documentos japoneses “capturados”, tales como diarios personales, confesiones de canibalismo, órdenes de cometer exterminios en masa, órdenes de gasear a los prisioneros en islas remotas del sud- Pacífico, etc.; los documentos “capturados” no se anexaron a los informes; las pruebas de su autenticidad (y existencia) naturalmente no se exigieron nunca; ” – declaraciones de soldados japoneses presos en Siberia ” – declaraciones de soldados japoneses refiriéndose a los japoneses como el “enemigo” ” – declaraciones de oficiales del Ejército Rojo ” – declaraciones de aborígenes analfabetos de pequeñas islas en el sud- Pacífico ” – recortes de periódicos norteamericanos (prueba admisible para la fiscalía, pero normalmente no para la defensa; esto es, acontecimientos en China fueron probados por medio de citaciones del Chicago Daily Tribune, el New Orleans Times- Picayune, el Sacramento Herald, Oakland Tribune, New York Herald, New York Times, Christian Science Monitor, etc. ” – las memorias del Marqués Takugawa (escritas en inglés y nunca leídas para él en japonés) ” – los comentarios de Okawa (Okawa fue declarado loco e internado en un manicomio, pero se utilizaron sus comentarios como pruebas) ” – los testimonios de Tanaka (un testigo profesional pagado por los americanos; Okawa, estando borracho, habría confesado todo a Tanaka; Tanaka “el Monstruo” Ryukichi fue presumiblemente responsable de millones de atrocidades, pero no fue nunca procesado; al contrario, viajaba libremente por todas partes del Japon) ” – el diario personal de Kido (rumores acerca de todos los que no gustaban a Kido) ” – las memorias de Harada (Harada había sufrido un ataque cerebral, de manera que el texto dictado por él fue ilegible; hasta qué punto seria capaz de recordar, y exactamente lo que habría querido decir, se tenía que adivinar; las traducciones eran sencillas suposiciones; muchas “copias” habrían sido “corregidas” por toda una serie de personas distintas de las personas a las cuales había dictado, y que no estuvieron presentes durante los dictados; además, tenía fama de ser muy embustero).

La respuesta de la fiscalía a los argumentos de la defensa al final del proceso, rechazó todas las pruebas de la defensa bajo el pretexto de que los documentos son los mejores testigos.  Si la fiscalía y la defensa citasen el mismo documento, la defensa habría citado fuera del contexto, pero nunca la fiscalía.  La evidencia de oídas tendría valor como prueba; los extractos de periódicos tendrían valor como prueba; los testimonios de los testigos de la defensa no tendrían ningún valor de prueba; los contra-interrogatorios serían una pérdida de tiempo.

Cinco de los 11 jueces, William Webb de Australia, Delfin Jaranilla de las Islas Filipinas, Bert A. Röling de los Paises Bajos, Henri Bernard de Francia, y R.B. Pal de India, presentaron sentencias dispares.  Pal escribió una sentencia disidente de 700 páginas, en la cual caracterizó las pruebas de la fiscalía acerca de las atrocidades como “carentes de valor en su mayor parte”, remarcando sarcasticamente que esperaba que uno de los documentos estuviera escrito en japonés.

Una particularidad de los procesos de crímenes de guerra es que, lejos de probar cualquier cosa, todos los procesos se contradicen.  Se mantuvo en el proceso de Tokio que los chinos tendrían el “derecho” de violar tratados “injustos”, y que los esfuerzos de los japoneses por hacer cumplir estos tratados, debido a su “injusticia”, habrían constituido una “agresión.”

Cuando se dejaron caer las bombas atómicas, Shigemitsu había intentado negociar una capitulación desde hacía casi 11 meses, desde el 14 septiembre 1944.  Naturalmente, eso se convirtió en otro crimen: “prolongación de la guerra por medio de las negociaciones.”

Las “pruebas” de las actividades canibalísticas japonesas constan de JAG Report 317, pp.  12.467-8 de la copia transcrita de las audiencias ciclostilada; Documentos 1446 y 1447, pp.  12.576-7, Documento 1873, pp.  14.129-30, y Documentos 2056A y B, pp.  15.032-42.