Es una constante en la historia política: los directores de los servicios de interior o de inteligencia conocen todo el aparato del Estado hasta un punto que les permite tomar las riendas del poder en cualquier momento, barriendo a los posibles adversarios. Los ejemplos más cercanos, aunque no los únicos, son George Bush padre, director de la CIA, y Vladimir Putin. Su llegada al poder después de Boris Yeltsin no carece de paralelismos con el caso español.

Sin entrar en cuestiones políticas, y mucho menos en simpatías o antipatías personales, es obvio que Alfredo Pérez Rubalcaba ha sido un personaje que ha ido ganado peso dentro del Partido Soiacialista y que ha ido ocupando cargos en los distintos gobiernos de este partido a medida que surgían problemas de calado. Entre 1992 y 1993 fue ministro de educación, y posteriormente, de 1993 a 1996, ministro de la Presidencia. Consiguió librarse del desastre absoluto del felipismo y los casos del GAL no le alcanzaron, aun a pesar de que siempre reiteró que el gobierno no tenía nada que ver con este grupo armado y un ministro, Barrionuevo, acabó en la cárcel.

La catarsis del partido no llegó hasta él y de nuevo ocupó puestos importantes en el PSOE durante los ocho años de Aznar.

Tras los atentados del 11M en Atocha, dirigió la estrategia socialista y en 2006 fue nombrado ministro del Interior. Tampoco es casual que durante el embarazo de la ministra de defensa, Carme Chacón, ocupase de manera interina esta cartera, compatibilizándola con la de interior. En aquellos meses fue el jefe único de todas las fuerzas armadas, policiales y  de todos los servicios de información e inteligencia del país.

Su reciente ascenso a la vicepresidencia del Gobierno, manteniendo además el cargo de Ministro del Interior y la portavocía del Gobierno lo señalan como lo que los antiguos diplomáticos llamaban “la eminencia gris” del régimen. 

Si Zapatero decide no presentarse a las próximas elecciones, y todo parece indicar que así será,es muy probable que Rubalcaba sea el candidato socialista, máxime cuando su figura podría llegar a 2011 avalada por la derrota de ETA y una imagen de solvencia intelectual que muy pocos socialistas pueden igualar. En cuanto a otras facetas de su imagen, prefiero no entrar en ellas en estos momentos para no politizar el artículo.

También podría intentar imitar a Kissinger, que nunca quiso nominarse a presidente, pero eso me parece más improbable.

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