Numantinos

Numantinos

Con la actual tormenta política a Rajoy no le ocurre nada, ni teme que le pueda ocurrir, porque en España no hay sociedad civil.

Los españoles, además de ser tolerantes con la corrupción, sobre todo por envidia, lo somos también porque hemos dejado de creernos una palabra de lo que escuchamos. Y los que unas veces nos piden seriedad, limpieza y creer en la justicia, nos hablan otras de responsabilidad, carga política y cánticos celestiales.

No podemos creer a los jueces en un país en el que se tardan tres años en tener una sentencia de cualquier chorrada. No podemos creer a los jueces cuando, en algo tan tonto como un accidente de tráfico, las compañías de seguros, por poner un ejemplo, pueden dilatar cualquier proceso hasta el infinito.

A Rajoy no le pasa nada porque venimos de una historia que es una burla constante a cualquier sentido de la ética y de la verdad, demostrando que todo son chanchullos, puñaladas por la espalda, conveniencias, y folclore de palmeros que aplauden al suyo pase lo que pase. La lista no puede ser exhaustiva por infinita, pero si quieren le echamos un vistazo:

-Allá por los años veinte teníamos un rey. El rey nombró un dictador, con un par, y luego volvió a creer en la democracia; pero en unas elecciones municipales, porque sí, se dio una patada al rey, y se declaró una república que, porque sí, se llamó a sí misma legítima. Aquí es donde todos discutimos otra vez qué es legítimo y qué no, y si unas elecciones municipales se pueden convertir en un golpe de Estado. Y lo discutimos precisamente porque no tenemos claro qué pueda ser esa cosa de al legitimidad o de la ética.

-Durante aquella república se hicieron cosas buenas y malas, se prohibieron partidos políticos de derecha y se sacó al ejército a masacrar obreros de izquierda, en Asturias. ¿Y qué pasó? Nada: que cada cual lo veía bien o mal según si los perjudicados eran los suyos o los otros.

-El mismo militar al que la República encumbró matando obreros se reveló luego contra ella, y tras tres años de guerra civil (o de guerras civiles, porque hubo varias en un solo paquete) terminamos en una orgía de represión generalizada. ¿A quién le pareció malo? A los perjudicados. Al resto le importaba un rábano.

-Y luego cuarenta años de preguntar de quién eres hijo, de quién eres sobrino, de quién eres socio, para saber si darte algo o aplicarte el reglamento. “¿Y tú de quién eres?”, preguntaban los canallas, para aplicarte los favores o las penas de tu bisabuelo. Y eso no era cosa de Franco, sino nuestra…

-Antes de morir, Franco nos elige un rey nos deja la democracia. Y por no reñir, nos pareció bien.

-Luego tuvimos el golpe de estado más raro del mundo, un golpe en el que los golpistas, en vez de mandar a tomar por culo al gobierno, que es lo que hacen todos los golpistas del Universo, vuelven con los tanques a sus cuarteles cuando el jefe del Estado se lo ordena. ¿Pero qué clase de golpe es ese, si los que lo dan siguen obedeciendo? Pues nada, que nos lo creímos todos (o no), o hicimos como que nos lo creíamos, y seguimos adelante, pero con más de una mosca en la oreja.

-Ganan las elecciones los socialistas y en vez de una fuerza renovadora, siguen con el mismo cantar de antes, nos meten en la OTAN y expropian a RUMASA. Y allí se quedaron todos, comiendo sapos y culebras. La izquierda alabando la OTAN y la derecha dando por buena una expropiación que a lo mejor era conveniente, pero que de legal tenía muy poco. Y tragamos, una vez más, y van quinientas.

-Luego continúa el reparto de favores (hola, amigos de PRISA. Hola eléctricas. Hola privatizaciones de empresas públicas) y de bienes comunales. Luego comenzó el despelote generalizado de las deudas autonómicas, los miles de recursos de inconstitucionalidad atascados en un tribunal frentista que ni de renovarse a sí mismo es capaz cuando se muere un magistrado. ¿Y nos cagamos en sus muertos? Sólo en los del otro.

-Vino luego Aznar, que hablaba catalán en la intimidada y llamaba a ETA “frente de liberación vasco”.

-Vinieron los atentados de Atocha, donde los autores, en vez de suicidarse en los trenes se suicidan en un piso de Leganés, con los pantalones puestos del revés. Y también nos pareció normal, porque la culpa era de Aznar por meternos en la guerra de Irak… (aquí la culpa siempre es de cualquiera, menos del que pone la bomba o pega el tiro)

Y vino este, y el otro… y no sigo. ¿Pero lo ven ya?

Con este historial, ¿qué coño le puede importar a Rajoy un papel más o un papel menos? ¿No hemos tragado sapos mayores? ¿Por qué va a ser él el primer pringado en dar la cara en un país donde la gente lo traga todo, se lo cree todo, lo acepta todo y deja hacer?

¿Por qué nos iba a respetar él cuando no nos respetamos nosotros?