Así son la cosas, lo confieso. Yo estudié los primeros años de la primaria en una escuela unitaria, que es una escuela pública, pero en plan duro. Ya os hablaré de eso otro día, porque tiene tela. Luego, a partir de los once años me trasladé a un colegio normal, público, muy público. El bachillerato lo hice en un instituto público y conseguí acabar la carrera, compatibilizándola con el curro, en una universidad pública, la de León, concretamente, donde tienen una Universidad y no  una casa de putas porque el profesorado es demasiado feo para que esa otra actividad salga rentable.

La enseñanza pública en España fue siempre cojonuda, y a la privada iban los que necesitaban una ayudita para sacar las asignaturas que a fuerza de codos no sacaban. Esos y los que iban disfrazados de tope-guays y no querían codearse con el resto de la plebe. Esto era así allá por los años ochenta, y puedo hincharme a dar ejemplos. Pero las cosas han cambiado, y os explico mi punto de vista.

No se trata, como sostienen algunos, de que las autoridades de toda clase hayan desatendido la educación pública restándole recursos en favor de la concertada. Ojalá fuese eso, porque tendría fácil remedio. La educación pública sigue contbndo con más dinero por alumno que la concertada, con mejores instalaciones, y con grupos más reducidos. No digo que sea así en todas partes, pero por aquí es como os lo cuento.

 Lo que ocurre es que los colegios públicos, por diversas razones, cumplen peor con las tres aportaciones que los padres esperamos de un colegio. A saber: educación, conocimiento y disiplina.

Somos todos tan guays y tan maravillosos que hemos puesto por delante de la educación y de los conocimientos facetas tales como la integración, y eso que en teoría nos parece a todos muy bien en la práctica es un veneno.

¿Quiero que mis hijos vayan a clase con inmiugrantes? Radicalmente SÍ.

¿Quiero que mis hijos vayan a clase con discapacitados o con personas con dificultades? Radicalmente SÍ.

Lo que no quiero, en modo alguno, es que esto reduzca drásticamente lo que mis hijos puerden aprender, la atención que se presta a mis hijos y lo que finalmente saldrán sabiendo del colegio. Y amigos, hoy por hoy, está claro que el nivel educativo se adapta a los de abajo, a los que no pueden seguir al resto porque son más torpes, o porque no entienden el idioma. Y eso, no lo admito. No admito que conviertan a mis hijos en rezagdos para igualaralos con otros que ya lo son por mil causas.

Lo lamento, amigos, pero creo en la educación separada y adaptada a las necesidades de cada cual. Creo en los colegios para ciegos donde enseñen a leer a los ciegos. Creo en los colegios para sordomudos donde enseñen a leer y a hablar a los sordomudos, proque he visto, sé que los que trabajan en SORLES (la imprenta de los sordomudos) son unos profesionales acojonantes, y lo son porque les enseñaron aparte, en vez de tratar de integrarlos.

La otra razón es la disciplina. Los colegios públicos son tan legalistas, tan guays, tan buenistas, que el profesor ha perdido toda autoridad y no es nadie, con lo que pasa media clase mandando callar, sin poder avanzar en la materia, cosa que no ocurre en la concertada. Vosotros los queme leéis y habéis estudiado en la escuela públia, ¿os imagináis lo que hubiese sucedido si hacéis algo así? A mí me echan una semana y mi padre me parte la cara. Para empezar, que luego seguimos.

Pues eso hoy no sucede, y eso, más que la falta de medios, de ordenadores y de chorradas por el estilo hace que la educación pública esté naufragando. Esi hace que algunos como yo, con dolor de corazón, acabemos llevando a los críos a las puñeteras monjas. No simpatizamos con ellas, pero reconocemos que allí a los críos los educan, les imponen disciplina y les enseñan.

Quié jodido es todo.