KFC (Kentucky Fried Chicken) o algo así...

Y fijaos que no digo una infamia, una canallada o un robo: simplemente un error.

Argentina, como España, no es un país al que le sobren las inversiones ni la tecnología, y dar a entender al mundo que uno se ha convertido en un destino de riesgo nunca puede ser buena idea. Todo les va a costar un poco más, las empresas ya presentes en el país, extranjeras o no, invertirán un poco menos, y las infraestructuras tendrán que estirarse más allá de lo previsto porque la inversión, propia y ajen, tendrá necesariamente que reducirse.

¿Cual era la solución buena? Incrementar los impuestos. Una tasa del carajo, condicionada a inversiones, hubiese sido mucho más rentable para los argentinos que una simple expropiación por las bravas. Con mayor presión fiscal hubiesen obtenido más dinero, sin perjudicar la imagen del país como destino de las inversiones, y hubiesen rentabilizado en mayor medida sus recursos naturales, incentivando la modernización.

Eso, por supuesto, ni era tan populista ni hubiese significado un golpe de mano. Eso, por supuesto, no hubiera dado titulares ni hubiera ayudado a la presidenta Kirchner a ganarse una imagen de estadista dura, esa imagen tan querida por algunos sectores de su partido y su electorado.

Por mi parte, y haciendo memoria, creo que esta decisión es un síntoma de algún problema interno que en estos momentos desconocemos. Cuando la dictadura militar estaba en las últimas, invadió las Malvinas. Ahora, esto. ¿Qué demonios estará pasando en realidad?