Trastos de todo tipo

El cierre del pequeño comercio, el que vemos y el que veremos, no se debe tanto al tema de los horarios comerciales, la desleal competencia de los que abren a cualquier hora pasándose pro el forro todas las normas (léase chinos, por esta tierra), ni siquiera al flagelo de la crisis. El comercio tradicional está herido de muerte por las costumbres que vamos adquiriendo los ciudadanos, y por las que nos obligan a adquirir con los horarios de trabajos, el estilo de vida y otros cambios igualmente forzosos.

El comercio desperdigado por la ciudad estaba muy bien cuando un miembro de la familia, siempre la mujer, disponía de media mañana y toda la tarde para hacer las compras, comparar los precios e informarse. En aquellos tiempos, la información era mucho más imperfecta que ahora y podía valer la pena recorrerse la ciudad para encontrar el producto deseado o encontrarlo a mejor precio. Además, la orientación de aquella clase de pequeño comercio estaba enfocada a la disponibilidad, es decir, a ofrecer aquello que te costaría encontrar en otro sitio o que no podrías siquiera conocer si no ibas de tiendas.

Pero desde el momento en el que no quedó en casa nadie que tuviese grandes cantidades disponibles de tiempo, se impuso la necesidad de hacer todas las compras juntas, en el mismo sitio, en pocas horas, y en un lugar accesible para el coche. Las ciudades no son nunca tan amables para el automóvil como el parking de un centro comercial. Es mucho más incómodo pasear con niños por la ciudad que por unos grandes almacenes, y, sobre todo, en las grandes superficies lo tienes todo junto. Ni que decir tiene que la sociedad de la información actual hace que todo esté inmediatamente disponible y que todo se pueda conocer de antemano, sin ir de tiendas, con lo que el pequeño comercio pierde así una de sus más importantes bazas.

El pequeño comercio, por tanto, tendrá que seguir orientándose a la gente que tiene tiempo, que tiene ganas de emplearlo en pasear y que no se molesta en mirar en sitios como internet, por anticipado, lo que quiere comprar.

Al resto, a los que nos han secuestrado el tiempo, nos ha perdido como clientes porque pasear se ha convertido en un lujo que ya no está al alcance de cualquiera.