Vela al santo que la acepte
Un beso
travieso
encuentra
tu boca
su loca
inconsciencia
agita
tu pecho
te quita
el estrecho
vendaje
de encaje
que cubre
tu alma.
La calma
que antes
tuviste
no existe
ahora:
la hora
de amar
ha llegado,
al hado
que envía
el deseo
lo veo
cercano
lanzando
su arcano
en pos
de tu piel.
Yo bien sé que ahora es difícil mantenerse fiel.
Cuando la ley se usa para crear injusticia
Hay un pueblo por aquí, que no mencionaré para no meterme en líos ni tener que demostrar lo indemostrable, en el que se ha prohibido aparcar en toda la calle principal, lo que viene a suponer más de la mitad de la localidad. Hasta ahí, podemos estar de acuerdo o no, pero la cuestión verdaderamente interesante es que la prohibición se utiliza como castigo político, pues se permite aparcar a los afines, haciendo la vista gorda, y con la ley en la mano se multa a los díscolos.
A veces tengo al impresión de que muchas regulaciones, demasiadas, están pensadas con esta misma estrategia: hacerlas cumplir a los que no son afines, de modo que se encarezca ell desarrollo de su actividad, y permitir que se las salten los amigos, o aquellos que paguen, bajo mano, el soborno correspondiente.
Lo que en principi0 parece preocupación por regular la vida en común, oculta, en el fiondo, el deseo de controlar la vida de los demás, sacar tajada, y generar una barrera de entrada a la competencia. Las grandes multinacionales, por ejemplo, quieren que se regulen todo tipo de aspectos a la hora de abrir y explotar un hotel por ejemplo, pero no es por defender los intereses del viajero, ni los del sector siquiera, sino por quee saben que ellos disponen de la influencia suficiente para conseguir saltárselas a la torerar mientras los demás tendrán granmdes dificultades y grandes costos para cumplir esa reglamentación, a veces surrealista.
¿Otro ejemplo? Algunas zonas verdes. Los planes urbanísticos se cansan de añadir zonas verdes a las nuevas urbaniuzaciones, y aunque eso está muy bien y lo aplaudo con toda mi alma, luego vemso que nadie las ajardina, ni las cuida, ni las convierte en otra cosa que no sean escombreras, secarrales y pedregales espantosos. ¿Y por qué? Porque se trataba de encarecer cada metro cuadrado del que podía vender solares en aquella zona reduciendo la superficie total dificable, en vez de crear verdaderas zonas para disfrute de la gente.
La táctica es antigua: hacedlos a todos culpables y encarcelad sólo a los que os convenga, dijo el romano Sila. La proliferación de reglamentos, normas, planes y supuestas garantías va por ese lado, creo yo, más que por la verdadera defensa de los ciudadanos.
Y lo peor es que a menudo son los más amantes de la libertad los que defienden esas reglamentaciones.
La economía comercial. Un gracioso timo capitalista.
Empiezo con un viejo chiste, que seguramente habrá gente que no conzca, pues se trata de un chiste ruso del siglo XIX, mencionado por Alexander Leskov en una de sus obras. Yo creo que más que un chiste es una parábola y basta para iilustrar perfectamente el problema, pero seguimos hablando luego:
Un comerciante judío tenía a la venta un reloj magnífico. Otro comerciante judío lo vio y le propuso comprárselo. Le ofreció 100 rublos . El primero aceptó y la transacción se celebró allí mismo.
A la semana siguiente, el primer judío vió al segundo con el reloj y le dijo que estaba interesado en volver a comprárselo. El segundo aceptó, siempre que el precio fuera razonable y le dejase un beneficio. Ek precio acordado fueron 200 rublos.
La operación se repitió varias veces y el reloj fue cambiando de manos, aumentando su precio cada vez, porque cada semana se ofrecían mutuamente unos cuantgos rublos más por el reloj, que llegó a valer 2000 rublos en la última compra-venta.
Durante una de las discusiones, el reloj cayó al suelo, con tan mala suerte que se coló por una rejilla de alcantarilla, desapareciendo ante la mirada espantada de los dos comerciantes, que se abrazaron llorando mientras gritaban desperados: ¡¡Qué desgracia!! ¿De qué vamos a vivir ahora?
Pues bien: eso cabe preguntarse algunas veces con el sistema económico actual, especialmente con la economíoa financiera de los grandes bancos: si el comercio y el dinero que se mueven se apoyan cada vez en una porción menor de economía real, ¿no estaremos moviéndonos en círculos como en el chiste de Leskov?
¿No estarán jugando con nosotros al juego del reloj?
Mover dinero puede crear PIB, o cualquier dato estadístico que les apetezca, pero no crea riqueza.
Lo otro está muy bien para los chistes. Y para de contar.
La revolución que no nos pillará
No sé si por reflejo de la realidad o por el voluntarismo de unos cuantos, pero cada vez se habla más del riesgo de revueltas sociales, y es normal, porque cuando la gente no tiene para comer y los ahorros y las prestaciones se acaban, se echa mano de lo que sea, sin mirarle mucho la dentadura y aún menos la escritura de propiedad.
Si el paro real sigue creciendo (por un descenso también de la economía sumergida), o si no se consigue paliar de algún modo la alarmante situación de los parados de larga duración y otras familias sin ingresos, el aumento de la inseguridad y las revueltas serán fenómenos inevitables. La pregunta que hay que hacerse, para estar al tanto, es dónde empezarán. Cuándo, está claro: la tradición manda que sea en otoño. Lenin, en mayo no hubiera sido Lenin. Octubre es imprescindible. Aunque no se me confunda nadie y piense que señalo a este octubre.
Pero puestos a seguir con la descripción de los sociólogos, dicen que las condiciones para que se arme la marimorena en las calles son cuatro:
-Debe ser un a zona urbana y muy poblada, porque las densidades elevadas de población son un factor aglutinante para alcanzar la masa crítica de una verdadera revuelta.
-Debe ser una zona de alto desarrollo, especialmente industrial, porque la concentración de desempleo industrial genera grandes bolsas de descontento, y muy organizadas. La atomización de los trabajadores en el sector servicios, por ejemplo, desactiva en cierto modo la probabilidad de explosiones sociales. Esto reduce un poco los lugares posibles.
-La presencia de grandes masas de inmigrantes acelera el proceso, ya que suelen ser grupos de gente con mayor grado de exclusión social, peores condiciones de vida y en general menos apego a lo que se encuentran al llegar. Además, muchos de ellos proceden de sociedades donde más común que aquí el recurso a la violencia y están más inclinados piscológica y sociológicamente a ella, aunque a diario sean gente pacífica.
-Debe ser una zona con clima suave.
Este punto parecerá extraño a algunos, pero es necesario: el frío de las ciudades más interiores desactiva a menudo estos movimientos. Cuando en una ciudad se alcanzan con frecuencia temperaturas bajo cero, los pobres, los sin techo y las capas más desfavorecidas de la sociedad, emigran a mejores climas donde la simple subsistencia sea más fácil. Estos grupos son a menudo los que ejercen de detonante de las revueltas sociales y se concentran, como es obvio, en ciudades donde es posible vivir sin congelarse una noche cualquiera. León y Castellón son ciudades de tamaño parecido, pero hay casi once veces más mendigos en Castellón que en León, por ejemplo.
Con estas premisas, parece que en León estamos libres de cualquier riesgo. Somos cuatro gatos, no hay una puñetera fábrica desde tiempos del rey Witiza, hay cuatro inmigrantes despistados y hace un frío que pela.
A veces da gusto no ser nadie, ¿eh?
Levantinos de todas las lenguas y naciones, vayan preparándose….
Absentismo por enfermedad y lucha obrera
Las grandes cabezas pensantes el mundo de los negocios y las finanzas han encontrado al fin el modo de competir con China: convertirnos a todos en chinos, con sus mismos derechos, su misma jornada y su misma democracia real. En lugar de plantar cara al problema de la falta de competitividad desde el Estado de Derecho, diciendo que no se puede jugar a nada con quien no respeta las reglas del juego, hemos decididio que al ladrón se le gana robando, al asesino matando y al violador sodomizándolo en una esquina.
Sin embargo, no podemos perder de vista que esto sólo es posible proque en cierto modo estamos maduros para el yugo. Con los sindicatos convertidos en brazo tonto de los partidos políticos y la clase trabajadora preocupada de defender exclusivamente los privilegios de los mejor colocados, sólo tenemos pequeñas mafias donde hay capacidad de presión y grandes desalientos donde no la hay, sin que el concepto de solidaridad de clase salga a relucir por ninguna parte.
El mejor ejemplo, creo yo, de esta desintegración del espíritu de lucha es el mecanismo que buena parte de los trabajadores utilizan para protestar contra sus condiciones de trabajo: los trabajadores, en vez de hacer huelgas, o movilizaciones, o utilizar otras formas de presión, piden la baja médica, que sirve para no ir a trabajar y seguir cobrando, y también, hay que decirlo, para dar idea al patrono de que no son capaces de más.
Lo triste, amigos, es que en otros tiempos, ante el abuso, el trabajador se levantaba y hoy se acuesta.
La diferencia es notable. Me temo.






