Los de otros tiempos...

Me parece increíble llegara decir esto, pero he llegado a esta conclusión después de ver un montón de datos sobre la composición del capital de un montón de multinacionales.

Nos cansamos de repetir que la sociedad actual va cuesta abajo por culpa de la avaricia de unas cuantas macroempresas, por el afán de beneficio rápido con el menor riesgo y la menor inversión, y por el desinterés de todo lo que sea pensar en un futuro sostenible, aun a costa de reducir los beneficios presentes. Decimos todo eso, y con razón.

Pero el caso, amigos, es que los que ponen el dinero en buena parte de las grandes empresas que conocemos, son los fondos d e pensiones. Son los fondos de pensione los que tienen cantidades gigantescas de dinero para invertir en los mercados financieros y son los fondos de pensiones los principales accionistas de un buen número de bancos.

¿Y sabéis qué ocurre con los fondos d e pensiones? Que para sobrevivir se tienen que limitar a pagar unas buenas rentas a sus poseedores que,invariablemente, son ancianos a los que les da todo los mismo salvo pasar desahogadamente su últimos años de vida, poder pagarse los carísimos cuidados y sanidad de sus últimos años y largarse al otro barrio lo más tranquila y dignamente posible.

Y a los viejos, como podéis entender, el futuro les importa un carajo, porque en le futuro piensan estar criando malvas. Y a los viejos no les cuentes que `perderán parte de su pensión para que tu emitas menos gases con efecto invernadero, porque no entienden nada de eso, y sólo ven que si su gestora le ha dado el 6 % y hay otras que pagan el 8%, pues hay que cambiar de gestora.

¿Son nuestros viejos los culpables? En general, no. Por estas tierras la proliferación de los planes de pensiones es minoritaria, pero pensad 3n las cantidades de dinero que manejan los fondos de pensiones norteamericanos, por ejemplo, con aportaciones desde los años cuarenta hasta hoy, y sin pensiones pùblicas.

La preponderancia de los planes de pensiones como accionista mayoritarios, desincentiva la inversión, la innovación y cualquier riesgo, pues como el antiguo aristócrata, lo que quieren es elevada liquidez para sostener un tren de vida.

Y así estamos.

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