No es un pronóstico ni mucho menos un deseo, ¿pero qué sucedería si el presidente Egipcio se limitase a contemplar las protestas, sin reprimirlas y sin dimitir?

Quizás, en nuestra dialéctica, esto sea algo impensable, pero no lo es en la de un país como Egipto, donde el tiempo tiene otra medida y otros ritmos. La única fuerza real de la movilizaciones populares es lograr una reacción pro parte de los militares y el gobierno establecido, ¿pero qué ocurre si ese ejército y esas autoridades se limitan a no reaccionar de ninguna manera? La represión produce con frecuencia una escalada de violencia y esta desencadena el final de los acontecimientos, como ocurrió en su momento en Rumanía con Ceaucesco u en fechas más recientes en Túnez-

Pero si el gobierno se limita a no reaccionar y no reprimir, entonces serán los que protestan los que se vean obligados a hacerlo de forma violenta, justificando en el interior y en el exterior una respuesta violenta por parte de las autoridades, que siempre podrán decir, con mayor apoyo, que s e limitaron a reprimir a los grupos terroristas infiltrados entre la población.

No sé cómo va a terminar esta extraña y extempórea primavera musulmana, , ni qué países más se van a unir a la revuelta, peor creo que en lo que suceda con Mubarak en Egipto hay un gran mensaje para todos, incluidos los occidentales, y no es otro que la relevancia y poder real de las protestas pacíficas. Si una protesta como la de Egipto es capaz de derribar al Gobiernos, entonces estamos aún en el buen camino.

Si por el contrario al Gobierno le basta con callar, no reprimir y esperar a que la protesta se agote solo, entonces creo que estamos en el verdadero camino de la perdición.

Y esa posibiludad existe. Porque, ¿qué pasaría si esta tade el propio Mubarak se uniese a las manifestaciones?

Eso, aunque parezca surrealista, es posible en cierto modo y eso es lo que me da verdaderamente miedo.