Cayuco rumbo a nuestras cosatas


La realidad supera muchas veces a la ficción, y los responsables de inspeccionar y controlar el asunto prefieren tomárselo a chirigota, las más de las veces por no llorar o por no entrar de lleno en un tema que más que cómico resulta trágico.

Lo cierto es que todos sabemos que en las pateras y demás embarcaciones de mierda que alcanzan nuestras playas viajan con frecuencia mujeres embarazadas o con niños de corta edad. Las embarazadas corren doble riegos porque, por un lado, su estado las vuelve más frágiles para la peligrosa travesía y, por otro, si la embarcación es detenida o interceptada, como sucede con cada vez mayor frecuencia, no siempre consiguen quedarse en España a pesar de los intereses del menor.

Sin embargo, para las mujeres que ya vienen con un niño en brazos, sobre todo si tiene tres o cuatro semanas como mucho, la situaciones mucho más halagüeña, pues tras el duro viaje los niños suelen necesitar asistencia y la presencia del menor desaconseja la expulsión a su país. El niño, por tanto, es una especie de póliza de seguro para garantizar a las mujeres que no serán expulsadas y poder, más tarde, solicitar el agrupamiento familiar que les permita traerse a Europa el resto de la familia.

Hasta aquí, estaríamos ante un ejercicio de picaresca o de astucia humanas bastante comprensible, pero según nos cuentan algunos responsables policiales, se están multiplicando los casos en que la cuestión no es tan sencilla.

Cada vez están cruzando el estrecho más mujeres con un niño en brazos que acaban de comprar a  las mafias de tráfico de personas. Se trata de niños comprados o robados por mafias, predominantemente nigerianas, que operan en el norte de África negociando el paso del Mediterráneo. Un niño viene costando unos setecientos euros, y se entrega a las madres ficticias sin ningún tipo de documentación.

Nuestra policía ha sabido esto por varios procedimientos y me lo explican con un razonamiento añadido:

-En muchas ocasiones, tanto la madre como el niño han tenido que ser hospitalizados a llegar a tierra por las malas condiciones que presentaban. La sorpresa y ha venido cuando sus grupos sanguíneos han resultado ser totalmente incompatibles.

-En los exámenes rutinarios para ingresar en los centros de acogida ha resultado que un número no desdeñable de estas madres eran vírgenes, con lo que la cosa se complica (“aunque a un cristiano no deberían sorprenderle estas cosas”, se burla textualmente el oficial que me informa).

– Por otro lado, y hablando de una sociedad como la norteafricana, es lógico que una mujer que venga a Europa trate de conservar su virginidad, pues se trata de su mayor capital si quiere casarse con alguien de aquí o poder casarse al regreso. Por eso corren el riesgo de ser descubiertas antes que “subsanar” una evidencia tan notoria.

La situación , por tanto, es grave. Por razones de toda índole no se ha querido dar a conocer este asunto a la opinión pública y mi informador prefiere mantenerse en el anonimato, pero parece ser que se trata de un tema bastante conocido en el estrecho y que está dando lugar a una mafia de compraventa de niños.

Y es que sucede lo de siempre: nuestra hipocresía genera víctimas inocentes. Cada vez más.