Y al final, manda el que manda...

Me duele sinceramente escribir este artículo, porque supone una especie de rectificación sobre lo que he pensado toda la vida. Me pasa por viajar a Madrid y dejar de ser un tío de pueblo. Me pasa pro haber conocido a la gente a la que no debería haber conocido nunca. Me pasa, sobre todo, por haber entrado en el mundo real más allá de lo debido.

Lo cierto es que cuando un profesional trabaja gratis, el resto de compañeros del sector se sienten perjudicados y le llaman cosas como vendido, muerto de hambre o esquirol, en los casos de huelga. Lo cierto es que cuando un profesional trabaja gratis, perjudica a su profesión, la devalúa, y crea una mala costumbre en los clientes y en la patronal, que se acostumbra a no pagar por un producto o un servicio, pasándolo al apartado de las cosas que se pueden conseguir a cambio de unas cañas o una camiseta, pero no a cambio de un sueldo.

Todos los que tenemos un poco de conciencia social sabemos que esto es así, vale, ¿pero qué pasa con el periodismo o con el software libre? Nos viene muy bien a todos, y como nos permite obtener aplicaciones e información sin pagar por ellas, estamos encantados con el asunto.

Pero el programador que trabaja en proyectos de software libre está luchando no sólo con las multinacionales, sino también con el pequeño profesional que nunca podrá trabajar en esa clase de proyectos para ganarse la vida. Lo mismo que el pequeño periodista que redacta gratis su blog, como puedo ser yo ahora mismo.

El software gratis, los expertos gratis resolviendo pequeñas consultas legales o médicas, los pequeños delineantes contestando gratis preguntas en internet sobre urbanismo, son una panacea para la gente de a pie y una panacea para las grandes empresas, pero se presentan como la guadaña del hambre para los pequeños profesionales que quieren empezar en el mercado. Esta es una de las razones de que haya un paro juvenil tan elevado: al estrecharse los campos de actuación de la gente que empieza, el que quiere insertarse en el mercado tiene menos espacio, por lo que haymenos puestos de trabajo y lso que hay se pagan peor. En otros tiempos, el que empezaba lo hacía en pequeños proyectos, pero ahora muchos de esos pequeños proyectos han sido absorbidos por lo gratuito, y ya no hay donde engancharse para empezar.

La gran empresa, por tanto, está encantada con el software gratuito, que en el fondo no compite con el suyo, pero abarata el mercado y achica los espacios de competencia para las empresas nacientes. Por eso algunas grandes multinacionales colaboran “desinteresadamente” con proyectos de software libre ¿ o nunca lo habíais pensado? ¿Nadie se ha parado a reflexionar sobre su estrategia?

Internet tiene que ser un lugar abierto, sin barreras y sin trabas, pero no puede servir ni para romper huelgas ni para devaluar profesiones. Lo contrario es pensar que hacemos la revolución mientras, en realidad, lo que hacemos es dejar solos a los ricos donde está el dinero. Y a los nuestros donde no está.

Porque de eso va la cosa.

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