No parece muerto del todo...

Insisto en lo de siempre: las teorías  conspiratorias suelen ser apeaderos de aburridos y neuróticos, pero creerse todo lo que las autoridades cuentan es el camino más directo hacia unas orejas de burro, máxime en estos tiempos en que nuestros gobernantes han llegado a la conclusión de que nos creemos lo que sea, siempre que se repita el número necesario de veces y en los medios oportunos.

Por tanto, la virtud va a estar en el centro de un sano esceptcismo y en la inquebrantable voluntad de no abdicar nunca del sentido común, esa herramienta tan desprestigiada por prácticas torticeras como la imposición del gurú y otras autoridades similares.

Y es que, la verdad, mi sentido común no me deja creer que después de buscar 10 años a  Ben Laden (sí, BEN, que el romance no es Abinamar, Abinamar, moro de la morería…), un día lo maten y acto seguido tiren su cuerpo al mar sin mostrárselo a nadie. A Sadam Hussein bien que lo mostraron. Y todos los ajusticiados de Nuremberg, con soga aun tirante sobre el cuello.

¿Por qué se niegan a mostrar ahora a Ben Laden y por qué hacen desaparecer el cadáver con semejante rapidez?

Francamente, para mí que se les ha colgado el Photoshop, porque otra cosa no se entiende.

Desde mi punto de vista, Ben Laden debía de llevar años muerto, y cuando al fin pudieron confirmar la noticia la dieron ellos, pero sin muerto. El momento es el ideal, porque el agujero presupuestario y la derrota militar (hay que decirlo claramente) obligan a una pronta retirada de Afganistán. Por tanto, como no se podían retirar de Afganistán sin haber logrado sus objetivos, entierran a Ossama y en pocos meses veremos a los americanos fuera de Irak, fuera de Afganistán  y tirando una bomba por semana sobre Libia, para que no se diga.

Si de veras hubiesen visto ellos, aunque fuese por satélite, el cadáver de Ben Laden, nos lo habríamos encontrado hasta en los sopicaldos. En una sociedad visual donde la imagen lo es todo, donde la fotografía sustituye al texto y donde lo que se ve se impone a lo que se entiende, es imposible creer que un escrúpulo moral, aún por explicar, privase al gobierno norteamericano del placer de mostrarnos el fiambre de su principal enemigo.

Tan imposible como pensar que se arriesguen a que mañana salga pro ahí vivito y coleando. O sea que por mi parte, lo veo claro: confirmaron su muerte y trataron de vendérnosla. Y yo, la compro. pero el muerto, no. Ni el momento, ni la autoría.

El país del cine no se pasa a la radio de golpe. No puede ser.