Toga en conserva

A menudo los bienintencionados que pretenden apoyar a alguien no hacen otra cosa que hundirlo un poco más en la miseria. Y le caso del juez Garzón, y sus diversos jaleos con la justicia, unos por extralimitarse en sus funciones, y otros por pedir dinero a quien no se lo debía pedir, es el más llamativo que tenemso ahora ante nosotros.

Acabo de leer que en Madrid se han organizado manifestaciones para apoyar a este juez, y después de hablar con alguna gente habituada a tratar en estos ambientes, constatpo que nada puede perjudicarle más que el apoyo pancartero y libertario. ¿Y por qué?

Porque los jueces no pueden tener fans ni partidarios. Cuando los tienen, dan a entender a sus compañeros que se han dedicado a la política y al populismo más de lo que a su profesión conviene.

Porque este juez en concreto ya abandonó una vez la carrera judicial para presentarse como candidato por un partido político, a pesar de que sus compañeros le advirtieron de la tremenda peligrosidad de una decisión semejante. y se lo decían de verdad: la judicatura puede estar politizada, como todo en esta vida, pero no admite en modo alguna dar la imagen de estar abierta y públicamente politizada.

Porque el trabajo de juez, bien desempeñado, es un trabajo terriblemente aburrido, espantosamente gris y que no suscita nada que se parezca a un liderazgo social. Cuando no es así, es que estamos ante otra clase de figura con otra clase de intereses, o así al menos lo ve la cerrar judicial y los ambientes judiciales.

No entro a valorar si la acusaciones que se lanzan contra Garzón son fundadas o no, porque para eso están los tribunales: lo que tengo claro es que muchos de los apoyos que se brindan a Garzón desde ciertos ambientes políticos no le están ayudando nada.

Porque no convencen a los afines, que ya están convencidos. No convencen a los contrarios, que no se dejan convencer. Y repugnan profundamente a los neutrales.

Por eso.