Dignidad a raudales

No importa la anécdota, sino la intención. No importa que los franceses se lancen a la burla por un positivo de picogramos, sino el deseo de burlarse y el sentimiento de rabia que hay tras de él. ¿Qué clase de Europa vamos a construir con estos rencores y estos menosprecios enquistados?

¿Qué clase de confianza nos pueden ofrecer unos tipos que después de servir durante años de santuario a un grupo terrorista se atreven a señalarte como tramposo por no sé qué chorrada deportiva?

Pero insisto: no es el hecho lo que importa, sino lo que este hecho denota. La rabia, el desprecio soterrado. La necesidad de ser alguien de quienes se creyeron amos del continente y se dejaron ensanchar el trasero declarando su capital ciudad abierta después de cuatro tiros. Porque perder, perdemos todos alguna vez, pero en España no hay ciudades abierta como no sea en canal. En España no hay setenta colaboracionistas por cada ,miembro de la resistencia. En España abrimos los brazos para que nos fusilen en los cuadros de Goya, no para recibir a los invasores y dejarles intactas nuestras ciudades, nuestras fábricas y nuestras mujeres.

Hoy los franceses son otra vez Vichy, el país miserable que necesita juntarse con el grande y necesita menospreciar al pequeño para reclamar su identidad. No hay más que ver las reuniones entre Merkl y Sarkozy para comprender por qué necesitan burlarse de España: por lo mismo que necesitaba de Gaulle soltar discursos desde el desierto mientras los alemanes se paseaban por los Campos Eliseos y los republicanos españoles andaban a tiros con la Whermacht.

Hoy regresan los fantasmas de los viejos enfrentamientos, y regresan por el lado donde menos daño les han hecho, porque hablar así de los alemanes, que verdaderamente los jodieron vivos, les saldría demasiado caro. Perdonan al grande, se arriman, a él, lo adulan y lo enaltecen mientras tratan de hacer daño al que consideran inferior. Fuertes con los débiles y débiles con los fuertes… Quizás ese debería ser su lema en vez de las tres mentiras que proclama su bandera.

Es la miseria del viejo, la inquina del venido a menos. Es el enano corso sin Grand Armee y sin glamour, que estudia alemán por las noches por lo que pueda pasar…

Es la risa de los presos que se ríen cuando los guardias azotan a otro preso.

Miseria…

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