Y es que no sé decirlo de una manera más clara  que la expresada en el título.

Vaya a donde vaya no me encuentro más que gente quejándose de que el ayuntamiento, o la diputación, o la administración autonómica, le debe tantos o cuantos mil euros, y que de esa manera ni puede contratar personal, ni mantener el almacén, ni vale la pena seguir adelante con un negocio donde los impuestos te los exigen día a día mientras las facturas que deben pagar ellos no se cobran ni en cinco años.

Porque esa es la deuda pública que nadie cuenta: la de las facturas no pagadas a los proveedores amparándose en que las entidades públicas son inembargables. Y en un país donde las instituciones se comportan como verdaderos rateros, ?cómo se va a conseguir imbuir a la gente de civismo y de respeto por lo publico?

El verdadero auge del liberalismo, del odio al Estado y de todo lo que suene a público viene muchas veces de ahí: de que vemos que las instituciones utilizan la sartén y el mango que nosotros pagamos para amenazarnos, extorsionarnos y dejarnos sin un duro, no sólo a través de sus despilfarros sino también a través de estas conductas en que cobran primero los parientes, después los amigos, después los afines políticos y nunca, jamás el resto, que llora, maldice y revienta.

Mientras las administraciones públicas, en especial los ayuntamientos, conviertan a sus proveedores en prestamistas forzosos no veremos más que casos de corrupción, factura hinchadas, quiebras de pequeñas empresas y amenazas políticas. Porque esa es otra: no sólo no te pagan sino que utilizan la deuda para obligarte a callar, para presionarte, para amenazarte si no eres lo bastante dócil con sus pretensiones políticas, urbanísticas o lo que sea que encapriche al concejal de turno.

Para eso, la verdad, prefiero as la Mafia. Te machacan si no les pagas, pero te protegen cuando cumples. Estos, ni eso.