Toda esa gente que va por ahí diciendo que la filosofía no sirve para nada y que hay que restar aún más importancia a las humanidades en los planes de estudios de nuestros chavales, deberían echar un ojo a las consecuencias de no tener ni idea de lógica, y a lo bien que le viene esa ignorancia  a los que se pasan la vida ideando nuevos sistemas para manipularnos.

Otro día, si hay ganas, hablaremos de lo que significa la agrupación de opciones en un referéndum, o en una votación de comunidad de vecinos, y cómo uniendo o separando opciones se modifican las mayorías. Eso, otro día, porque hoy no me queda más remedio que gritar bien alto: LA FALTA DE PRUEBAS NO PRUEBA LA FALSEDAD.

Esta idea, que es obvia, no hay masnera de meterla en la mente colectiva, y por esa brecha se cuela toda clase de majaderías y engorda el establishment, el mismo que se aprovecha a diario de la explotación de lo conocido para cerrar el paso a lo nuevo, o a aquello donde su ventaja no es tan obvia ni tienen aún consolidado el monopolio.

Para poder probar algo, hay que demostrarlo. Pero el hecho de que no se pueda demostrar no significa que sea falso, sino que simplemente no se ha podido probar.

Galileo no pudo demostrar en su día que la tierra giraba alrededor del sol, y unos cuantos tipos que no tenían ni puta idea de lógica lo condenaron. Pero no por falta de pruebas su afirmación era falsa: era indeterminada, y el futuro aportó las pruebas para convertirla en verdadera. Foulcault y su pénduulo, por ejemplo, aportaron esas pruebas, pero no cambiaron los hechos. Cambiaron las pruebas.

Lo mismo sucede con los procesos judiciales, y por eso, cuando no se puede demostrar la culpabilidad de alguien se dice que es “no culpable”, que no es lo mismo que decir “inocente”.

En el caso de Dios y la estúpida controversia de estos días con las afirmaciones de Hawkings, sucede lo mismo: la existencia de Dios no se puede demostrar, luego Dios es indeterminado, pero no falso. El Big Bang, por cierto, tampoco se puede demostrar, y es también indeterminado, de momento, aunque lleva cada día más camino de convertirse en demostrado.

La evolución, por ejemplo, está sobradamente demostrada y es verdadera, pero el origen casual y aleatorio de la vida sigue siendo indeterminado porque algo casual es algo que se puede reproducir. Y lo cierto es que de momento podemos reproducir la hipótesis de que en un dado salga mil veces seguidas un cuatro (cogiendo el dado y poniendo el cuatro) pero cosas como la quiralidad no permiten aíun reproducir el origen de la vida.

Pero estos son sólo ejemplos: lo grave es que se siga pensando y diciendo que es falso todo aquello que no sde puede demostrar. Parece una cuestión de poca importancia, pero sobre ella se apoyan demasiadas patentes, demasiados muros a la innovación y demasiados intereses corporativos.

Permitir que sólo se maneje lo demostrado puede estar muy bien, pero lo demostrado ya está patentado y no a a nuestro nombre, sinoi al uyo. No colaboremos con nuestro propio expolio.