Antes, rebelde Libio. Hoy, gobierno libio...

No nos engañemos: lo de Libia ha sido una guerra civil entre beduinos, una de tantas que se producían antaño, ante la indiferencia general, y que empezaron a interesar cuando el colonialismo tomó forma en el siglo XIX. Esta vez parece que los aviones occidentales han hecho su trabajo y el gobierno de Gadafi ha sido derrocado, pero aún falta la pregunta buena: ¿para qué?

Parece que los que rigen nuestros destinos han leído cada vez menos, o son cada día más cortoplacistas, pensando en las encuestas inmediatas más que en construir una verdadera política exterior. De otro modo no me explico que ignoren el verdadero problema: que en esas tierras no nos pueden ni ver, esté quien esté y gobierne quien gobierne.

No comprenden que cualquiera que sea el gobierno que sustituya a Gadafi tendrá que hacer gestos hostiles a Occidente para calmar a los movimientos integristas, aunque luego, con la otra mano, traten de favorecer en los contratos petrolíferos a las multinacionales europeas o americanas. Lo mismo que ya hacía Gadafí. Mira que casualidad.

No comprenden que la desaparición de los regímenes árabes laicos, por muy autoritariso que fuesen, abren el camino a regímenes igualmente autoritarios pero de corte más religiosa o incluso tribal, como está sucediendo en Irak, y más que sucederá…

No comprenden que la inestabilidad generada en la región traerá como consecuencia mayores problemas de los que crea. Y todos estamos de acuerdo en que hay que ayudar a la gente a vivir mejor y más libremente, pero en un momento como el actual eso podría lograrse mejor con presiones a los gobernantes establecidos que en la ruleta de un nuevo poder.

Y no comprende, sobre todo, que la balanza de poderes está en la relación de humillación o dignidad de los árabes con Occidente e Israel, y que mientras ese problema no se soluciones, todo lo que sea darle voz al pueblo va a significar incrementar las probabilidades de una reacción violenta. Porque en este caso no sucede como pensamos pro aquí, que cuanto más poder tiene el pueblo y menos el sátrapa, más cercana está la paz. Por allí, los belicosos son algunos grupos populares, hasta ahora controlados pro el poder y que, con nuestra ayuda, se liberan para extender su mensaje de violencia.

Yo, francamente, creo en la no ingerencia y en la autonomía de los pueblos. O sea, justo en lo contrario de lo que supone enviar a tus aviones a que lancen bombas por la paz.

Share