No sé si por reflejo de la realidad o por el voluntarismo de unos cuantos, pero cada vez se habla más del riesgo de revueltas sociales, y es normal, porque cuando la gente no tiene para comer y los ahorros y las prestaciones se acaban, se echa mano de lo que sea, sin mirarle mucho la dentadura y aún menos la escritura de propiedad.

Si el paro real sigue creciendo (por un descenso también de la economía sumergida), o si no se consigue paliar de algún modo la alarmante situación de los parados de larga duración y otras familias sin ingresos, el aumento de la inseguridad y las revueltas serán fenómenos inevitables. La pregunta que hay que hacerse, para estar al tanto, es dónde empezarán. Cuándo, está claro: la tradición manda que sea en otoño. Lenin, en mayo no hubiera sido Lenin. Octubre es imprescindible. Aunque no se me confunda nadie y piense que señalo a este octubre.

Pero puestos a seguir con la descripción de los sociólogos, dicen que las condiciones para que se arme la marimorena en las calles son cuatro:

-Debe ser un a zona urbana y muy poblada, porque las densidades elevadas de población son un factor aglutinante para alcanzar la masa crítica de una verdadera revuelta.

-Debe ser una zona de alto desarrollo, especialmente industrial, porque la concentración de desempleo industrial genera grandes bolsas de descontento, y muy organizadas. La atomización de los trabajadores en el sector servicios, por ejemplo, desactiva en cierto modo la probabilidad de explosiones sociales. Esto reduce un poco los lugares posibles.

-La presencia de grandes masas de inmigrantes acelera el proceso, ya que suelen ser grupos de gente con mayor grado de exclusión social, peores condiciones de vida y en general menos apego a lo que se encuentran al llegar. Además, muchos de ellos proceden de sociedades donde más común que aquí el recurso a la violencia y están más inclinados piscológica y sociológicamente a ella, aunque a diario sean gente pacífica.

-Debe ser una zona con clima suave.

Este punto parecerá extraño a algunos, pero es necesario: el frío de las ciudades más interiores desactiva a menudo estos movimientos. Cuando en una ciudad se alcanzan con frecuencia temperaturas bajo cero, los pobres, los sin techo y las capas más desfavorecidas de la sociedad, emigran a mejores climas donde la simple subsistencia sea más fácil. Estos grupos son a menudo los que ejercen de detonante de las revueltas sociales y se concentran, como es obvio, en ciudades donde es posible vivir sin congelarse una noche cualquiera. León y Castellón son ciudades de tamaño parecido, pero hay casi once veces más mendigos en Castellón que en León, por ejemplo.

Con estas premisas, parece que en León estamos libres de cualquier riesgo. Somos cuatro gatos, no hay una puñetera fábrica desde tiempos del rey Witiza, hay cuatro inmigrantes despistados y hace un frío que pela.

A veces da gusto no ser nadie, ¿eh?

Levantinos de todas las lenguas y naciones, vayan preparándose….

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