El otro día ya escribí un artículo sobre la burla que me parece para el medio ambiente y la eficiencia energética la utilización de estufas exteriores para poner terrazas calefactadas en los bares y que los fumadores puedan echar un cigarrillo en caliente. Se hinchan a imponer normas sobre aislamientos y eficiencia térmica, sobre el tipo de ventanas y su normalización, y luego resulta que dan por buenas cientos de estufas en plena calle, calentando el vendaval.

Peor no voy a insistir en eso. Lo que me preocupa de esta impensada resurrección del butano, más aún que la burla a toda conciencia medioambiental y el derroche que suponen, es que de pronto se nos ha añadido un peligro en la calle, y no menor: ¿Os dais cuenta de lo que supone que haya cientos, miles, decenas de miles de bombonas de gas en nuestras calles?, ¿cuánto tardará en producirse el primer accidente?, ¿qué dice la normativa, si es que dice algo, de tener bombonas de gas en medio de grupos de gente, en plena calle, y en lugares por donde pasan coches o puede existir cualquier fuente de calor o de ignición?

¿Os dais cuenta de que esas estufas suelen ir bajo toldos u otras estructuras similares? ¿para eso no hay normativa cuando los demás tenemos que cumplirlas todas? ¿No es aplicable aquí ningún reglamento de mercancías peligrosas, en lugares de ocio, donde se pueden tirar petardos, cohetes y lo que cuadre, pro ejemplo en los carnavales?

¿Qué diríamos todos, si en lugar de poner esas estufas los bares las pusiera nuestro vecino en su terraza? ¿Estaríamos tranquilos?

A mí me parece que no somos conscientes aún de los problemas y los riesgos que está trayendo consigo esta ley radical del tabaco. No juzgo si es bueno o malo prohibir fumar en los bares, porque lo cierto es queme da igual, pero lo que sí veo es que la esperable reacción de los hosteleros, desesperados por no perder a muchos de sus clientes, está trayendo consigo una cantidad de problemas que nadie se molestó en anticipar: ruidos, suciedad, terrazas en el mes de enero con todas las molestias que acarrean a los vecinos, y peligro,  mucho peligro con esos miles y miles de bombonas desperdigadas pro las calles. Con esos miles y miles de antorchas encendidas debajo de elementos combustibles.

Esperemos que no pase nada, pero no hace falta saber mucha estadística para darse cuenta de que cuando la ocasión se repite, el riesgo se convierte en certeza. Y si no, al tiempo.