virusLas grandes distribuidoras culturales, por llamarles de alguna manera, se devanan en estas fechas la cabeza buscando nuevos productos que puedan escapar por sí mismos de la copia ilegal y la distribución masiva. La idea es que el propio producto se defienda a sí mismo, sin necesidad de medidas represivas que, además, de caras, son impopulares y plantean una dinámica de enfrentamiento en la que el consumidor deja de pagar no sólo para ahorrarse un dinero, sino también porque está harto de que lo consideren un delincuente de antemano o traten de apretarle las clavijas.

La dificultad estriba en que se ha llegado a una dinámica en la que el consumidor ya no paga por la novedad, ni paga por la calidad, ni paga por la diversidad. La cultura del gratis total se ha impuesto en la mente colectiva, y lo ha hecho, hay que decir la verdad, con la inapreciable ayuda de la propia industria.

Después de deicarse duramnte décadas enteras a fomentar la cultura del mondadientes, en la que cualquier disco, o película, eran productos de usar y tirar, ¿qué esperan? Si ellos mismos grababan los discos con uno o dos temas aprovechables y rellenaban el resto con morralla, ¿qué esperan? Si en vez de fomentar el gusto,  cuidar al público exigente y diferenciar sus productos por su calidad se dedicaron a sacar el dinero a dolescentes con acné físico y mental, a producir cualquier cosa, a vender cualquier cosa a fuerza de marketing y a promocionar cualquier bazofia con la seguridad de que as modas harían el resto, ¿cómo quieren ahora que esos consumidores, formados en la estética del basurero, estén dispuestos a respetar unos productos que ni ellos mismos respetaban?

 Es norma en cualquier mercado que hay que fidelizar al cliente a través de polìticas de posventa y de diferenciación, y si la industria cultural, el cine, la música y la literatura llevan décadas dando a entender que lo suyo no se diferencia en nada de los palillos, las chocolatinas o los tangas de usar y tirar no pueden venir ahora con la mandanga del sacrosanto interés cultural de su trabajo. Si eliges mearte en la iglesia, no digas luego que los demás profanan el templo.

Invirtieron su dinero en trivializar la cultura. Ahora es trivial. Y lo trivial ni se valora, ni se paga cuando hay una posibilidad de conseguirlo gratis.

Pues que espabilen.

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