La Monarquía leonesa vista Por Marce Yebra.

La máquina para cambiar el pasado existe, no es ciencia ficción, y se llama publicidad, o ingeniería social.

Su funcionamiento es bien sencillo, o no tanto, pero se basa en unos principios bien fundamentados: a la gente, a la s personas en general, les cuesta un esfuerzo disentir del grupo, porque se sienten solos, abandonados, y porque una gran mayoría de los seres humanos, o todos, utilizamos las opiniones de los demás como referencia y contraste de nuestra propias opiniones. El que disiente tiene que hacer un esfuerzo para disentir, mientras que el que está de acuerdo con la mayoría puede sostener su opinión en la mayor de las vagancias, o conservando su energía, para decir lo mismo en términos físicos, o termodinámicos.

Los publicistas lo sabemos, y por eso creamos cosas como las listas de libros o discos más vendidos. que lo que vienen a decir en realidad es que una obra o un producto es mejor porque lo quiere más gente. Es una falacia, pro supuesto, pero funciona.

Lo peculiar de la idea es que no tiene por qué detenerse en productos presentes, sino que puede afectar también al pasado, y esa es la verdadera máquina del tiempo. Todo aquello que haya sido verificado antes tiene un punto a su favor, y a base de realizar modificaciones en la percepción de cómo 

fueron las cosas podemos conseguir que actitudes pasadas o históricas se conviertan en ejemplo para decisiones presentes. podemos hacer que algo que sucedió en el siglo xix, o antes, o en un momento de nuestra historia sea ejemplo, referencia e invitación, ¡esa es la clave!, para repetirlo en nuestros días.

Y así introducimos el sesgo temporal. hacemos que la gente juzgue otros tiempos con el rasero de hoy, eliminamos los elementos negativos de lo que realmente sucedió y lo mostramos como ejemplo d e lo que sería deseable en la actualidad. Esa es la verdadera máquina del tiempo: la que hace que recordemos el sabor del flan que nunca probamos, el aroma del puro que no nos fumamos nunca, la piel de la chica que siempre nos dio calabazas y las libertades de la república que no llegamos a conocer.

Esa es la máquina del tiempo, el gran engaño, los recuerdos postizos.

Y funciona.