Burbuja especulativa

Burbuja especulativa

Empiezo con un viejo chiste, que seguramente habrá gente que no conzca, pues se trata de un chiste ruso del siglo XIX, mencionado por Alexander Leskov en una de sus obras. Yo creo que más que un chiste es una parábola y basta para iilustrar perfectamente el problema, pero seguimos hablando luego:

Un comerciante judío tenía a la venta un reloj magnífico. Otro comerciante judío lo vio y le propuso comprárselo. Le ofreció 100 rublos . El primero aceptó y la transacción se celebró allí mismo.

A la semana siguiente, el primer judío vió al segundo con el reloj y le dijo que estaba interesado en volver a comprárselo. El segundo aceptó, siempre que el precio fuera razonable y le dejase un beneficio. Ek precio acordado fueron 200 rublos.

La operación se repitió varias veces y el reloj fue cambiando de manos, aumentando su precio cada vez, porque cada semana se ofrecían mutuamente unos cuantgos rublos más por el reloj, que llegó a valer 2000 rublos en la última compra-venta.

Durante una de las discusiones, el reloj cayó al suelo, con tan mala suerte que se coló por una rejilla de alcantarilla, desapareciendo ante la mirada espantada de los dos comerciantes, que se abrazaron llorando mientras gritaban desperados: ¡¡Qué desgracia!! ¿De qué vamos a vivir ahora?

Pues bien: eso cabe preguntarse algunas veces con el sistema económico actual, especialmente con la economíoa financiera de los grandes bancos: si el comercio y el dinero que se mueven se apoyan cada vez en una porción menor de economía real, ¿no estaremos moviéndonos en círculos como en el chiste de Leskov?

¿No estarán jugando con nosotros al juego del reloj?

Mover dinero puede crear PIB, o cualquier dato estadístico que les apetezca, pero no crea riqueza.

Lo otro está muy bien para los chistes. Y para de contar.