Bandera de Grecia

Bandera de Grecia

En este mundo hay frases hechas que parece que cuando llegan a tener un sentido que más o menos es conocido por la mayoría de los ciudadanos, de repente se convierte en una cosa un poco distinta.

Y es que nuestros amigos, conocidos o deudores griegos (sí, a cada habitante del estado español los griegos nos deben unos cuantos euros) parece que el subidón de ser los descendientes de Pericles les empieza a pasar factura.

El otro día casi me caigo cuando veo lo que los griegos sometieron a votación una serie de medidas que consideraron injustas, insultantes, ofensivas. Su no demostró todo el orgullo de un pueblo, la respuesta a los burócratas y capitalistas, la decencia de un partido gobernante capaz de plantarle cara a la Troika (¿alguien puede alguna vez decirnos qué es eso que suena a Rusa regente de un local donde se bebe vodka?).

En fin, que una semana después el gobierno griego propone unas medidas ¡¡¡¡aún más duras que las que rechazó su pueblo a propuesta suya!!! De locos. Un caso genial para que estudien los psicólogos.

En fin, que en este mundo en el que nos encontramos es fácil ir de brabucón por la vida, decir que no pagas a quien te presta, que además le vas a hacer un griego y luego, cuando el susodicho se pone delante de ti, pliegas las rodillas ofreciendo ansiosamente a tu deudor la posibilidad de que dé sentido al título de este post.
Sí, por increíble que parezca, hacer el griego puede entenderse hoy en día como decir una cosa, proponer otra totalmente contraria y cuando te dan la razón, virar de nuevo ciento ochenta grados y ser más extremo que la primera propuestas rechazada.

Todo un catálogo de absurdos, de antipolítica y de cómo se puede afirmar una cosa, defender la contraria y votar una tercera más extrema que la primera que pediste a los segundos que rechazaran. Lo dicho, igual una asesoría en estas materias no le vendría nada mal.