La única vez que me he levantado de una conferencia y he llamado imbécil al conferenciante fue hace muchos años, cuando el orador dijo textualmente que “el gobierno del PP había matado a Miguel Ángel Blanco”.

Luego, con el paso del tiempo, he ido viendo que la situación se repite, y que no es cuestión de color político: parece que Aznar puso las bombas de Atocha, parece que los ciudadanos somos culpables de haber dado hipotecas a los que no las podían pagar y pareció hace unos pocos días, con el caos de los controladores aéreos, que fue el Gobierno el que dejó en tierra a seiscientas mil personas.

Si os dais cuenta, la idea que subyace es siempre la misma: el que hace el daño parece víctima de una fuerza irresistible, mientras que la culpa es de quien le provoca, de quien no cede a su chantaje, de quien pide el préstamo o de quien hace algo que molesta a la otra parte.

Esa idea oculta es la que nos convierte en un país tan fácil de manipular y en carne de yugo para todas las multinacionales y todas las esclavitudes: somos un país que se vuelve contra el manso, porque volverse contra el otro supone un riesgo. Somos un país que premia socialmente cualquier concesión y cualquier bajada de pantalones, porque el precio, aunque sea precio político de la firmeza, se cobra a precio de usura.

El que culpa al Gobierno del caos aéreo, o a Aznar de las bombas de Atocha, es la misma clase de vencido vocacional que el que pide que se pague el rescate del Alakrana, se pague cualquier secuestro o se dejen ciertos barrios en manos de los delincuentes para evitar enfrentamientos.

Se trata de gente que no cree en la ley y que viste de humanitarismo su cobardía. Se trata, en el fondo, de enemigos de la clase humilde, porque el poderoso tiene sus propios medios para defenderse mientras que el currela de pie sólo cuenta con la ley para poder vivir en paz.

Esta es para mí la causa sociológica de muchos de los problemas que padecemos: que los políticos no se atreven a tomar decisiones valientes porque saben que los electores aman a los cobardes.

Por eso Zapatero lleva el país al desastre.

Por eso Rajoy es el líder del PP.

Por eso Izquierda Unida no levanta cabeza.