Así estamos...

La amiga que me lo contó asegura que es una historia cierta, y que sucedió allá por el año 2004. Por entonces ella trabajaba en un sitio donde conocía mucha gente, pero aún así creo que se trata más de una fábula, al viejo estilo que de una historia real. En todo caso, carece de importancia si llegó a suceder o no, porque la conclusión es la misma. Voy al grano:

En un sorteo de la primitiva de 2004 había bote y aumentó bastante la recaudación. Al final, el ganador se llevaba veintidós millones de euros. Pero no hubo un ganador, sino dos, así que se repartieron la pasta, a razón de once millones de euros por cabeza. Vamos a llamarles Manolo y Benito para entendernos, y porque no tengo ni idea de cuales eran sus verdaderos nombres.

Después de las primeras semanas de caprichos, pagar deudas y dar un pellizco a amigos y familiares para dejar buen sabor de boca, tanto Manolo como Benito, cada uno pro su lado y separados pro cosa de quinientos kilómetros, tuvieron que decidir qué harían con su vida a partir de ese momento. Manolo no se complicó la vida: dividió el dinero en cinco montones y lo invirtió. Un motón, en acciones de telefónica, otro montón en oro, otro montón en deuda pública española, otro en acciones de British Petroleum y otro en un plazo fijo, pero con disponibilidad, para gasta de ahí lo que quisiera. De intereses y dividendos sacaba casi cuatrocientos mil euros al año, así que no tenía de qué preocuparse. Arregló a todo trapo la casa de su pueblo, y se compró un pedazo de chalé en Costa Rica, donde pasa seis o siete meses al año tomando daikiris y tomando el sol. Como Manolo nunca fue tacaño, ha ayudado con la traída de aguas de su pueblo y echa una mano a todo el que puede. Conclusión: Manolo es un tío cojonudo que vive como Dios y al que quiere todo el mundo.

Benito, cuando se vio con semejante dineral, vio que era la hora de ver realizado su sueño y convertir su marchita pensión en un buen hotel. O incluso de construir un par de ellos. Su localidad era famosa por el atractivo turístico y él conocía de sobra el sector, así que en primer lugar arregló su negocio familiar, y luego compró un par de hoteles y los remozó completamente. Ahora tiene noventa trabajadores a su cargo, factura una pasta, y ha comprado otro par de hoteles en las proximidades. Le va bien. Le va muy bien también, aunque trabaja un montón de horas, pero Benito, para muchos, es un cabrón explotador que vive del trabajo de los demás, y un avaricioso de mierda que sigue trabajando por codicia.

¿Entendéis por qué hay tanto paro en España? Porque se admira al que se guarda la pasta y da limosnas y se insulta al que crea empleo. Porque el ejemplo a imitar es el que no hace nada. Porque tener dinero e invertirlo es buscarse enemigos. Porque cuando se habla de crear empleo parece que se habla de crear nubes, que se crean solas.

Por todo eso.