Mujeres trabajadoras

Mujeres trabajadoras

En esta ocasión, y para que veáis que nada es nuevo, os ofrecemos un documento del siglo XIX.

El domingo 2 de noviembre de 1884, la Sociedad de Socorros Mutuos de Pintores de Valencia, Unión Pictórica, se reunió con encuestadores de la Comisión de Reformas Sociales para contestar a una serie de preguntas sobre las condiciones de vida de los trabajadores del gremio.

“El Sr. Presidente: Con respecto a la habitación, ¿cree que ha habido mejora sobre lo que había antes o continúa en las mismas condiciones?

El Secretario del Jurado: No vemos mejora ninguna, porque todas las habitaciones que se están haciendo no son para pobres, son para ricos; de modo que el pobre se ven tan mal o peor que antes.

Sr. Presidente: Y el vestido y la alimentación, ¿han mejorado de cómo era antes a cómo son hoy?

Sr. Secretario del Jurado: Con poca diferencia es lo mismo. La clase obrera, aun cuando quisiera mejorar no puede, porque no le basta el producto de su trabajo.

Sr. Presidente: Sin embargo, los jornales son mucho mayores de lo que eran antiguamente.

Sr. Secretario: Pero también los alimentos van doble caros.

Sr. Presidente: Pero lo que el obrero gana hoy de jornal, ¿se sabe que lo emplea en atenciones de su familia, o tiene alguna distracción de él?

Sr. Secretario: Lo más general es emplearlo en su familia”.

De otra opinión era Joaquín Marco, industrial en hierro, cuando respondió a una pregunta de la Comisión sobre si las condiciones de vida de los obreros del ramo eran mejores o peores que antes de la maquinización de su trabajo. “Mi opinión –respondió Marco– es que la situación es poco más o menos la misma. Como hay una ley que los hombres no podemos poner en equilibrio, porque se pone ella por sí sola, unas veces subiendo y otras bajando, que yo llamo a mi manera la ley de la economía entre el dame y el toma; como yo, cuando fui soldado, visité diferentes puntos de España, y he visto que donde el pan va muy barato es porque la harina vale muy poco dinero, y que donde el vestido cuesta poco es porque no vale nada, creo que la relación que existe entre el obrero de cuando yo era niño y trabajaba mi padre, y el que he conocido siendo más hombre, viene a ser poco más o menos la misma. Esto depende de muchas causas, principalmente de la conducta y aplicación del obrero. A mi me ha sucedido que nunca he calzado alpargatas, y nunca he ido sin medias, y nunca he llevado manta, sino capa, y sin embargo veía que la mayor parte de mis compañeros gastaban manta, y que se la hacían hasta de lana de perro blanco muy mala, alpargatas en vez de medias, lo que llamamos peucs, y pantalón de paño nunca les vi llevar. Ganaban sobre poco más o menos lo mismo que yo (…) pero ellos iban todos los días a almorzar y a beber a la taberna y por la tarde de paseo, mientras yo me quedaba trabajando