Ese soy yo, o quisiera serlo, y no me parece una cosa tan descabellada por mucho que se descojonen mis colegas de la Cámara de Comercio y de la Asociación de Empresarios. A mí lo que me parece es es que no me entienden, o no entienden a lo que me refiero cuando digo que la patronal debe ser socialista. O quizás es que no me explico, así que voy a intentar hacerlo aquí, por escrito, para que quede dicho sin posible equívoco y pueda enviar el enlace luego al que me vuelva a sacar el tema.

En primer lugar, yo me considero socialista más en el sentido etimológico de la palabra que en el sentido político. Creo que lo social interviene en lo individual de una manera determinante, y que una empresa no funciona en modo alguno si no se convierte en una especie de sociedad, aunque seamos cuatro monos. En una empresa, el patrón es la cabeza, y puede que no sea la mejor cabeza, pero es la que hay, y con eso tiene que cumplir.

Por mi parte, creo que tengo muy claros mis derechos y mis obligaciones.. Tengo la obligación de dirigir la producción, de planificar, de coordinar el trabajo y de asumir los riesgos. Y ojo a lo último, porque algunos empresarios no lo entienden: asumir los riesgos quiere decir que me como todos los marrones con los clientes, los proveedores, la banca, y la madre que me parió. Y si algo no sale según lo previsto o alguien no paga, me jodo.

Tengo también muy claros mis derechos como patrón. Dirijo la empresa, mando, planifico, consulto si quiero y no consulto si no quiero, elijo clientes, elijo proveedores, elijo el modo de financiarme, elijo trabajadores y me quedo con el beneficio si lo hay lo mismo que me quedo con el riesgo. Esto último no lo entienden algunos trabajadores: si pierdo dinero no les bajo el sueldo, y si gano, ni lo subo, ni reparto.

Lo que me cuesta hacer entender es que todo esto sólo es posible si los miembros de la empresa entendemos que el mal funcionamiento de nuestra parte puede perjudicar al resto. Si yo no consigo que me renueven el crédito, mis trabajadores se quedan en la calle, y más de uno tendrá un drama familiar. Si un trabajador llega tarde al curro, o se escaquea, ese trabajo tendrá que hacerlo un compañero, porque aquí son habas contadas y no pueden quedar las cosas sin hacer. Si hay poco trabajo, no venimos a currar los viernes, pero si hay mucho, se trabaja el sábado por la mañana. Si tienes al niño enfermo no vengas en toda la semana, pero cuando toque ir a cobrar publicidad de bares y pubs, te vasa currar los viernes y sábados por la noche.

En esta empresa todos somos socios de algún modo, y cada cual puede elegir si quiere trabajar a reglamento o no. El que quiera trabajar a reglamento tiene que entender que la hora de entrada es la exacta, la de salida la exacta y no admito bajas por enfermedad sin certificado médico, ni permisos, ni chorradas. El que quiera simplemente colaborar a que las cosas funcionen puede venir cuando le dé la gana, marcharse cuando le pete y preocuparse de que su curro esté terminado en tiempo y forma, y por mí como si rellena los formularios en el WC. Son dos formas distintas de ver la relación laboral y yo creo en la sociedad, en el socialismo que señala que cada cual tiene su función en el todo, que lo único que importa es que seamos eficaces, competitivos y nos salga rentable lo que hacemos.

Por mi parte, sigo una estrategia que siempre me ha ido bien: pago un 20 % más que nadie en todo el sector y de ese modo elijo a los mejores, exijo lo mejor y no me va mal.

Y eso es lo que no entienden la mayoría de los empresarios: que reducir costes no es pagar menos, sino a menudo, muy a menudo, pagar más, hablar claro, repartir y hacer entender a la gente que mejor que conmigo no vas a estar en ninguna parte. Eso sube las nñominas, pero abarata los costes. Eso es sociedad. Eso es socialismo.

Pero algunos no lo entienden ni a cañonazos, quieren pagar el mínimo y esperan que la gente rinda como los míos. Y a veces, por necesidad lo hacen, vale, pero a la larga, de un modo u otro, sale caro.

Ford pagaba más que nadie y no murió de hambre, que sepamos. A ver si nos enteramos.