La plaza de Botines

La plaza de Botines

Estaba esta noche en León tomando unas cañas en una de esas terrazas que la prohibición del tabaco ha popularizado, y mientras hablaba de la Nada y el Vacío con unos amigos, a nuestra lado se sentó un grupo de unos ocho o diez chavales jóvenes y se puso a comentar unos cuantos temas entre ellos.

Encantadoramente indiscreto, como siempre, mi amigo el cubano escuchó la discusión de los chavales, y al enterarse de que eran del grupo del 15 M que aún acampa en la Plaza de Botines, se dirigió a ellos para preguntarles, sin más rodeos, que era lo que pedían con sus movilizaciones.

A partir de ahí, y durante media hora larga, hablamos sobre las movilizaciones, sobre lo que se perseguía con ellas, y sobre los puntos mínimos en que todos estaban más o menos de acuerdo.

Por lo menos a mí me quedaron algunas cosas claras, y las comento.

-Que los que verdaderamente trabajan, se reunen y tienen un fin distinto de correrse una juerga, no son los troncoflautistas que pintan a menudo en algunos medios.

-Que ellos mismos saben, y les preocupa, que el movimiento puede ser secuestrado en cualquier momento por radicales antisistema cuyo único fin es el alboroto y posterior saqueo de bienes ajenos.  Lo saben, se preocupan, y parecen intentar evitarlo, del mismo modo que intentan evitar la imagen casposa, maleducada o antisocial que tanto puede perjudicarles y tanto explotan algunos.

-Que la protesta se basa en que todo está muy mal. Que todo está muy mal porque el mundo funciona mal. Que de momento, lo que hay que hacer es transmitir la consciencia de que no se puede seguir callando, y que las soluciones prácticas a todos estos males no están claras ni mucho menos. Y que precisamente el consenso d esas soluciones será el origen de las divisiones futuras, que ya entrevén.

-Que las peticiones en las que parecen estar de acuerdo, son más o menos estas:

A) Separación de poderes efectiva.

B) Fin de los privilegios de la casta política.

C) Reforma de la ley electoral.

Las alternativas que se proponían a la situación actual eran más bien difusas, pues no se había acordado ningún sistema electoral alternativo, ni ninguna idea más original que bajar el sueldo a los políticos, quitarles los coches oficiales y dejar de pagarles sus pensiones vitalicias a los presidentes del Gobierno.

Por mi parte, y fiel a la idea de que sin propuesta no hay protesta, aporto mis puntos de vista, pro aquello de cumplir mi promesa de aportar alguna idea constructiva:

A) En cuanto a la separación efectiva de poderes, es malo que los políticos metan el cazo en los juzgados, pero convertir a un juez, que es un funcionario que llega a su puesto  por oposición (y nada más) en un sátrapa intocable, me parece más arriesgado aún que el modelo actual. Hay jueces cabrones, corruptos y tarados, lo mismo que políticos, curas, butaneros y celadores cabrones, corruptos y tarados. Todo lo que sea crear castas intocables es una ruina. Y si no, mirad la Universidad. ¿Son mejores los catedráticos por ser intocables? No me jodáis…

B) Todos estamos de acuerdo en que los privilegios de la casta política son excesivos, pero mejor que cambiar los privilegios sería cambiar la casta política. Para ello, sería ideal que NADIE permaneciese en un cargo público o de designación por más de 8 años. Los alcaldes, los concejales, los diputados que se eternizan y se convierten en profesionales de la política son nuestro verdadero cáncer.

La política tiene que ser un servicio público, provisional y pasajero, y no se puede permitir que ningún individuo la convierta en su forma de vida, sin otro oficio conocido. ¿Cuántos políticos conocemos que nunca han trabajado en otra cosa? ¿Qué contacto con la realidad puede tener esa gente?

Por tanto, mi propuesta es doble: Que nadie pueda ejercer de político o cargo designado durante más de ocho años, y que nadie pueda presentarse en una lista sin haber trabajado antes cuatro años en otra actividad. Para representar a los otros, hay que conocer el mundo real. Ya basta de charlatanes profesionales.

C)  Todas las leyes electorales son una mierda si el pueblo no cree realmente en la democracia y permite que la ley se prostituya. No obstante, creo que el mejor sistema sería el de circunscripción única, según el alcance de las elecciones.

Lo explico:

En las elecciones nacionales somos, por ejemplo, 35 millones de votantes. Hay 350 diputados. Cada 100.000 votos, un diputado. O en todo caso, el resultado de dividir el número de votos por el número de escaños. Una sola demarcación, ya que elegimos un solo parlamento. Pensadlo y veréis lo que significa: que todos los votos valen igual, que no pesan más unas provincias que otras, que no se pierden los votos de formaciones que “casi” consiguen un diputado en 15 provincias. Todos los votos suman y todos valen lo mismo.

Si las elecciones son regionales, la circunscripción es la Comunidad Autónoma.

Si las elecciones son locales, la circunscripción es el municipio.

Todo claro, muy clarito, y con los votos valiendo igual.

Con esto, creo que cumplo. Fue un placer conocer a esta gente y ver que hay quien sabe y quien no sabe, pero que la gente, al fin, trata de enterarse.