Las piezas valen más que la cosa

Me cuentan esta historia, y aunque podría ser de por aquí mismo, me dicen que fue por Extremadura, y que la máquina se la llevaron para piezas. Lamento no poder más datos y que algunos detalles sean confusos, pero las conversaciones de bar es lo que tienen: que la gente no documenta lo que cuenta como si estuviese ante la Audiencia Nacional. Os lo cuento de todos modos, porque yo me he tronchado.

El caso es que en una plantación, uno de eso latifundios que hay por el Sur, estaban reparando una nave, o haciendo un solado, y habían llevado un compresor industrial para picar el suelo. Era un compresor de mucha pasta y el vigilante tenía instrucciones de no perderle ojo.

Y en esto que, a las doce de la mañana, se pr4esenta un currela con el compresor subido a un carrito, y enganchado a un tractor de la empresa, y con un martillo neumático acompañando el conjunto. 

-Lo llevo a casa para picar con el martillo el sótano de mi abuela, que es un poco bajo. SA ver si lo hago más hondo -respondió el currela.

-¿Y tienes permiso para sacra esto de aquí? -preguntó el vigilante.

-No. Pero joder, para un rato… Después de comer lo traigo otra vez – trató de convencer el chaval al vigilante.

El vigilante no lo vio claro. No conocía al trabajador y aunque aquello estaba lleno de temporeros y muchos eran del pueblo, no tenía ni idea de a dónde iban a llevarse el compresor, así que no quiso buscarse líos.

-No, no. A mí no me jorobes. Si no tienes permiso desengancha eso echando leches y déjalo donde estaba.

El trabajador discutió un poco más, pero al ver que no convencía al vigilante, desenganchó el carro con el compresor y el martillo y se marchó con el tractor.

Y esa era la jugada, porque lo que quería robar era el tractor. Para piezas. Lo único que encontraron a los dos días fue la carrocería.

Buen golpe, ¿eh?