Si el Tribunal Constitucional se permitió esperar una pila de  años para decidir sobre el Estatuto de Cataluña, dejando una ley como esa en ellimbo, ¿qué podemos esperar los curritos de a pié si nos vemos obligados a acudir a la justicia?

La falta de seguridad jurídica y el uso de los tribunales como arenas movedizas donde atascarlo todo es, sin duda, uno de los peores boquetes que tenemos en la estructura de España.

Cuando se supone que vives en un Estado de Derecho y los tribunales se convierten en purgatorios donde el que tiene dinero se lo queda y el que tiene razón espera eternamente a que le paguen, el país no puede funcionar de ningún modo.

Cuando cobrar una deuda es tan largo y arriesgado como embarcarse para Filipinas, no vale la pena emprender un negocio. Es mucho mejor ser un chorizo y vivir de lo ajeno, y dentro de ocho, o diez años, ya se verá. Si aún vive la víctima y le quedan ganas de seguir el pleito.

Cuando los derechos y libertades que deben garantizar los tribunales quedan en suspenso durante años, y van o vienen al aire que sople en las alturas, los ciudadanos acaban por buscarse sus propios modos de supervivencia al margen de la ley: el que tiene una casa, no la alquila; el que tiene dinero, lo esconde, y el que no tiene nada más que su inteligencia y su esfuerzo, revienta como un perro mientras se ríen de él los mismos que lo apalean.

El retraso en la justicia es un premio al culpable y una penalización al inocente. El culpable que puede seguir delinquiendo: mientras lo juzgan y no, se frota las manos; y el inocente que no ve reconocida su inocencia sufre doblemente. El retraso favorece al que tira la piedra, al que empuña el cuchillo o la pistola, al que da una bofetada en vez de una razón, mientras el ciudadano honrado, si no quiere tomarse la justicia por su mano, se queda con la perdrada, con el tiro o el navajazo, o con la bofetada, esperando años y años que se restablezca la legitimidad.

Desde el juicio por una indemnización de tráfico, al proceso por triple asesinato, todo es la misma broma: retrasos, dilaciones, mangoneos, recursos inacabables del que tiene con qué pagarse los abogados y llanto y crujir de dientes del que no tiene más remedio que esperar.

Y yo os pregunto: ¿no sería mejor un sistema un poco menos garantista pero más rápido?, ¿No es mejor una decisión regular a tiempo que una buena demasiado tarde?.

Y aún nos queda la gran pregunta: ¿ y por qué va a ser mejor la decisión que se toma tarde?