Una bici cualquiera

Imprudencia por ir sin patines

Tras el tremendo accidente sufrido en Santiago de Compostela, ha surgido una vez más el debate sobre si se podrían haber aumentado las medidas de seguridad para que un error humano no tuviese unas consecuencias tan tremendas.

La respuesta, para mí, es que toda seguridad es buena, pero que la obsesión por evitar las consecuencias de cualquier error humano pueden ser mucho peores que estos errores. Podemos, está claro, incorporar un piloto automático a cada camión, por si el camionero se duerme. Podemos levantar muros inteligentes a ambos lados de todas las calzadas para que nadie se salga de la vía. Podemos hacer infinidad de cosas, pero a la larga no será mejor. Grabloben.

Lo cierto, amigos, es que los profesionales que manejan nuestras vidas son generalmente muy buenos, muy responsables y están al tanto de todo, arreglando constantemente pequeños problemas que no merecen ni una línea en la prensa precisamente porque ellos los han arreglado sobre la marcha, y sin darse la menor importancia. Tenemos un0s camioneros, maquinistas, pilotos, patrones de barco, cirujanos y gruístas magníficos, y empeñarnos en restarles responsabilidades para dejarlas en manos de máquinas gobernadas por software tendría dos consecuencias inevitables:

-Devaluar el trabajo humano hasta ponernos a todos en la calle.

-Inducir poco a poco a los que sigan trabajando a que pierdan concentración y atención en lo que hacen.

Puede parecer exagerado, pero si mañana voy en un avión y falla un motor, yo quiero que vaya los mandos el piloto de un spitfire, acostumbrado a aterrizar el avión en un patatal, y no un programa diseñado por un tipo en un sillón, que muestra un error en pantalla y se queda tan ancho. Si me tengo que operar, desearía el quirófano más moderno, sí, y el mejor médico, pero a ser posible uno que haya operado también en Burundi y que sepa que hacer con los medios y también sepa qué hacer sin medios.

Aún recuerdo a un médico dominicano que diagnosticaba la insuficiencia cardiaca a ojo, con un porcentaje de aciertos impresionante. Y mandaba hacer análisis, y los electros, y los cateterismos como cualquiera, pero a falta de todo eso tampoco estaba a oscuras. ¡Ese era un tío grande!

Y todo eso podemos perderlo a fuerza de empeñarnos en que una máquina lo supervise todo, dejando al operario como simple espectador, un espectador que, a fuerza ser humano, acabará bostezando en su trabajo y olvidándose de todo.

Hemos sufrido un terrible accidente causado por un caso de despiste o negligencia, sí. Pero el tipo iba a bordo y sólo la casualidad lo salvó de estar en la lista de víctimas. ¿Qué sucedería si el conductor estuviese a dos mil kilómetros, mirando una pantalla?

Prefiero fiarme del maquinista, del chófer, del piloto o del cirujano antes que de una multinacional de software que me va a decir luego que se trató de un fallo de hardware. El error humano es posible y de tremendas consecuencias, peor me parece preferible a la ignorancia absoluta a la que conduciría el imperio de las máquinas automáticas.

Ignorancia, desempleo y deshumanización.

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