rebelEn teoría de juegos existe un conocido dilema, el dilema del gallina, que se utilizó para rodar muchas películas de adolescentes borrachos que demostraban lo hombres que eran, o lo gilipollas que eran, poniéndose al volante de un coche  por el centro de la calzada, cada uno en un sentido. El que se apartase, era el gallina.

El principio que aguarda detrás de este juego es el método de negociación. Se puede decir que es una estrategia en la que cada una de las partes retrasa hacer concesiones hasta que el final del período de negociación es inminente. La presión psicológica puede obligar a un negociador a ceder para evitar un resultado negativo. Puede tratarse de una táctica muy peligrosa, ya que si ninguna de las partes cede se producirá una colisión.

Como la “pérdida” que supone girar es trivial en comparación a la colisión que se producirá si ninguno gira, la estrategia más razonable sería girar antes de que el choque pueda producirse. Aun así, si uno cree que su oponente es razonable, uno puede también decidir no girar, en la creencia de que el rival será razonable y decidirá girar, convirtiendo al otro en perdedor.

Una táctica para este juego es anunciar las propias intenciones de modo convincente antes de que el juego comience. Por ejemplo, si uno de los jugadores se atiborra de whisky y tira el volante por la ventanilla nada más empezar, hará más probable que el otro se desvíe, porque no “quiere enfrentarse con un loco”.

 

Explicado esto, ¿no os parece que la actual negociación política de cara a convocar o no nuevas elecciones tiene algo de este juego?

En el caso de la derecha, piensan que unas nuevas elecciones no les harán daño, así que se mantienen por el centro de la calzada y Rajoy anuncia, desde el minuto cero, que le importa todo un bledo. Ha tirado el volante por la ventanilla. Si tenía o no razón, ya se verá, pero esa ha sido su estrategia.

En cuanto a la izquierda, tanto PSOE como Podemos creen que unas nuevas elecciones les podrían resultar perjudiciales, pero ambos se mantienen en sus trece para que sea el otro el que se aparte. Al final, da la impresión de que se han estrellado, para gran alegría del PP, que puede hacerse con el Gobierno mientras su Presidente se limitaba a fumar puros y leer el Marca en la Moncloa.

¿Orgullo? Estrategia, simplemente.

Ahora, a ver a quién le funciona. Aún hay tiempo…