Barril de petróleo

La respuesta más sincera a semejante pregunta es NADA.  Y permitidme que lo explique, porque la cosa tiene mucha más miga de la que parece.

En primer lugar, nos vamos a poner estupendos tirando de la Wikipedia:

Se toma generalmente como referencia al hablar de barril de crudo o petróleo a la unidad de 42 galones (aproximadamente 159 litros).  Esta curiosa medida considerada como estándar, perdura en el tiempo como recuerdo de la época colonial inglesa.  Pues si en los tiempos en los que vivimos, gran parte de las unidades de medida se han sometido a la universalización del Sistema Internacional de Unidades, en el mercado del petróleo han mantenido la medida de los precursores de su comercialización y explotación, que fueron los estadounidenses.  Y como todo tiene un sentido lógico de mercado y de valorización por comparativa y utilidad, la capacidad del barril de 42 galones tiene una larga historia.

En 1866, el estado estadounidense de Pensilvania lideraba la producción mundial de petróleo.  En agosto de ese año, los principales productores de petróleo en ese estado adoptaron como unificación de medida para la comercialización o venta del petróleo, un barril con una capacidad de 42 galones.  La razón de esa escogencia obedecía a la relativa facilidad de manejo de un barril por parte de una pareja de hombres (pues un barril de petróleo pesa aproximadamente unos 136 kilogramos), y a la vez el tamaño del mismo permitía que 20 barriles de petróleo pudiesen ser colocados sobre un vagón de carga de los trenes de la época, lo que abarataba el costo del transporte del producto extraído.

Muy bien.  Hasta aquí todo muy interesante y muy chulo.  Lo malo es que este tipo de medida nos induce a pensar que la producción de petróleo puede medirse en barriles, y que mientras mantengamos la cifra de barriles producidos por encima de una cierta cantidad no tendremos problemas de suministro.

Y no es verdad.

No es verdad porque a nosotros, como civilización, el petróleo no nos interesa un carajo.  Lo que nos interesa es lo que podamos sacra de él, y eso no es tan homogéneo como una medida de capacidad.

A medida que el petróleo se va sacando de yacimientos más profundos, del lecho marino o de bolsas más delgadas, resulta que la cantidad de compuestos ligeros, los que luego sirven para producir la gasolina, el gasóleo y los combustibles de mayor poder energético, disminuye en gran medida, por lo que cada barril del petróleo llevado a la refinería producirá cada vez menos litros de gasolina, menos litros de gasóleo y más de alquitrán y distintas porquerías inutilizables.

Y eso es exactamente lo que está sucediendo en los últimos años: que los yacimientos petrolíferos siguen produciendo millones de barriles, pero este petróleo es de inferior calidad y se obtiene de él menos combustible utilizable.  Sin embargo, los que dominan el cotarro siguen hablando de la producción en barriles, tratando de calmar al personal asegurándonos que el declive energético está aún lejano.

No se trata, por tanto, solamente de que desde 2005 no se haya conseguido aumentar de modo significativo la producción de petróleo (aunque haya aumentado su consumo) sino que esa producción está medida en barriles, una unidad tan estúpida como el litro de leche a la hora de medir la producción de mantequilla, cuando no es ni parecida la leche de vaca de la de oveja, ni la leche de vaca estabulada de la de vaca suelta en un prado..

El petróleo debería medirse en Calorías, Julios, Kilowatios o cualquier otra unidad que reflejase la energía que nos aporta, que es, al final, lo que nos importa.  El barril, al final, no hace más que engañarnos y mantenernos en la autocomplacencia de pensar que nos quedan más reservas de las que tenemos en realidad.

Un engaño muy peligroso.