El padre de la idea...

Me acabo de enterar de que a algunos músicos, especialmente en el mundo del rock, les molestan los aplausos. En principio la cosa me sonó rara, pero luego, leyendo a Milan Kundera, he caído en la cuenta de que esto puede ser más o menos razonable dentro de la clase de espectáculo que ellos quieren crear y de la estética que promueven.

En un concierto de música clásica, o en una ópera, la longitud y entusiasmo de los aplausos determina la satisfacción del público con lo que han ofrecido los artistas y es un homenaje del público hacia su virtuosismo. Pero en un concierto de música clásica o en la ópera, el publico está claramente al margen del espectáculo y separado de él. O dicho de otro modo: el público tiene clara conciencia de serlo, y permanece como catgoría distinta al espectáculo.

En la música pop, en general, y más concretamente en la música rock, lo que se pretende es que el público forme parte del espectáculo, con lo que esa distinción entre el público y los artistas no deja de ser un disrupción del pacto tácito: unirse en una fiesta común. Por eso, por ejemplo, no suele estar bien visto que la gente cante en la ópera pero sí en los conciertos de Metallica, por ejemplo.Siguiendo esta idea es donde podemos ver la razón por la que a algunos músicos les molestan los aplausos, que preferirían ver convertidos en bulla, o simples gritos de apoyo: porque los aplasus establecen una distancia crítica entre el intérprete de la música y su público. Porque los aplausos, en el fondo, son la expresión de que el público es ajeno, diferenciado, y tiene el poder de juzgar. El aplauso es, en cierto modo, el paso del tú al usted, y eso convierte el concierto en una relación formal.

Algo que no se debería hacer entre “colegas”.

P.D: Más sobre este asunto en “los testamentos traicionados”, de Milan Kundera.