En casa de mi madre, debajo de una mantelería, había una revista TIME de los años cincuenta. Seguramente la dejó abandonada algún turista en la mesa de un bar y la guardaron como curiosidad, sin imaginarse que en casa llegara alguna vez a haber alguien que pudiese leerla. Pero la he encontrado yo, y la he leído, al menos en parte. En eso sí ha mejorado España, está claro.

El caso es que Eisenhower, eln algún momento de su campaña presidencial para las elecciones de 1951, compara la lucha en ambos frentes durante la Segunda Guerra Mundial y dice taxativamente que los dos enemigos era muy similares: tanto Alemania como Japón tenían una población de alrededor de ochenta o noventa millones de habitantes, ambos eran potencias militaristas, ambos estaban gobernados por regímenes dictatoriales, y ambos contaban xon ejércitos bien preparados, enconados, violentos, con muy alta moral de combate y una altísima resistencia y tenacidad en el campo de batalla.

La diferencia, dice Eisenhower, estaba en que Alemania, además, tenía 200.000 científicos e ingenieros.

Cuando los aliados inventaron el sónar, los japoneses hicieron un esfuerzo para construir más submarinos. Los alemanes, en cambio, desarrollaron modelos capaces de sumergirse a mayor profundidad y desarrollaron un motor eléctrico de potencia muy superior a los conocidos hasta entonces, para poder huir sin salir a superficie.

Cuando los japoneses comprobaron su inferioridad en el aire, decidieron emplear a los aviones como Kamikazes y fabricar aviones masivamente, algunos con alas de madera. Los alemanes fabricaron el primer avión a reacción de la historia.

Cuando los japoneses quisieron bombardear el territorio enemigo, fuera del alcance de sus aviones, cargaron las barquillas de centenares de globos aerostáticos con explosivos y los lanzaron hacia Estados Unidos. Se lanzaron siete mil  de esos globos y sólo uno causó víctimas. Los alemanes inventaron el cohete.

 En esas condiciones y visto así, ciertamente era más duro luchar contra los alemanes.

¿Y nosotros que hemos aprendido de esto? ¿A vivir de levantar aceras y poner ladrillos?, ¿a centrar nuestra economía en la construcción, la agricultura bajo plástico y el chiringuito de playa?

Mientras España sea un país sin capacidad para cubrir sus necesidades ecconómicas y de empleo con otra cosa que no sea afinar tecnologías ya conocidas en la Edad Media, no haremos más que profundizar en el agujero en el que nos encontramos. Mientras no seamos capaces de pensar y emplear lo que pensamos para avanzar no seremos, en el mejor de los casos, más que gente obstinada tratando de moverse en el mundo moderno con la fuerza bruta de otros tiempos.

Para salir de esta crisis no va a bastar con apretar los dientes, me temo. Hará falta también mover la imaginación. Y es, qué pena, nos la han embotado a fuerza de malos ejemplos con pelotazos, cainismo y menosprecios.