Lo mencionaba en el artículo de hace unos días y ahora empiezo a temerme que pueda llegara tener razón: hay un término medio entre el triunfo de una revolución popular y su absoluto fracaso, y es el hecho de que el pueblo siga protestando pacíficamente en las calles mientras el dictador sigue durmiendo tranquilamente en su palacio presidencial, sin que ninguna de las dos partes se decida a ser la primera que opte por la acción violenta.
El buen rollo pacífico tiene estas cosas: el que está en el poder lee las pancartas desde la ventana y si el acristalamiento es bueno, no tiene por qué soportar más molestia que esa. Si el ejército se limita a mantener la tranquilidad, la tranquilidad, por su propia inercia, mantendrá en el poder al que ya estaban, o sea, al dictador.
Lo único que necesita el dictador en estos casos es tener controlados a los aspirantes a su puesto que puedan surgir dentro del propio régimen y mantener la calma. Porque la gente se cansa de manifestarse. La gente no vive en en un palacio y tiene que ir a trabajar, o volver a su casa. La gente tiene un aguante limitado y si ve que no consigue nada con sus protestas, o se radicaliza o se despera, lo que lo lleva a tomar medidas más violentas, y a dar pie a una represión justificada alegando la infiltración de grupos radicales o terroristas entre los manifestantes pacíficos.
La actual dinámica de creer que limitarse a gritar puede acabar con una dictadura bien organizada no es más que una ilusión óptica. Los dictadores no temen a los manifestantes pacíficos ni a la gente que baila en las calles. Temen a la presión internacional, a las sanciones y a la acción del ejército o de grupos organizados con capacidad REAL de actuación. Un presidente democrático puede temer a los votantes si el país se paraliza, ¿pero un dictador? No es lo mismo.
El caso egipcio no se ha cerrado aún pero mucho me temo que nos saldrá caro a todos: va a servir para que los gobiernos aprendan que con cerrar las ventanas basta. O eso, o para enseñarnos a todos la dolorosa lección de que las revoluciones son sangrientas, violentas y muy arriesgadas para todos.
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En Egipto hay disturbios, la guerra civil en las capitales y los países occidentales encontrar una posición común. Algunos, como el secretario general Ban Ki Moon, pidiendo elecciones libres inmediatamente, mientras que el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, Mubarak, fortalece la espalda. Tal vez eso es una buena cosa, porque en última instancia debe decidir el pueblo egipcio, la forma de proceder allí. En mis ojos solo que ahora quiere subirse al tren en movimiento al polvo, a veces rápidamente este presidente, Mohamed ElBaradei. Él está en mis ojos no es la legitimidad democrática.