274763WCfb_wSegún la nueva ley, que no calificaré para no entrar en el típico concurso de insultos ingeniosos, un juez podrá cerrar una página web en cuatro días, después de un careo entre las partes. Todos sabemos que esto es una absoluta barbaridad, porque cualquier otro procedimiento, incluso aquellos en los que se comprometen derechos fundamentales, o riesgos para la vida, la integridad o los bienes de las personas, duran mucho más. Muchísimo más.

Parece, por tanto, que la urgencia de defender los derechos de cierta gente, a la que tampoco calificaré por la misma razón que en el punto anterior, es muy superior a la urgencia de evitar que se cometan otros delitos más dolorosos.

De todos modos, como sabemos dónde vivimos, y cómo funcionan las cosas, es bueno que sepamos que existe un método casi infalible para retrasar estos procesos: dilatar la comparecencia.

Para que se produzca la citación ante el juez, antes debe ser notificada, y ahí empieza ya el lío. Las páginas web pueden estar albergadas en servidores de cualquier parte, y aunque el proveedor de servicios respònda va a tardar un tiempo en hacerlo. Una vez que el proveedor de servicios o el registrador haya facilitado al juez los datos del propietario de la web, el propietario debe ser notificado. Y puede mantener su domiclio, o no, en la dirección que facilitó al efectuar el dominio. Puede haberse mudado, o estar de viaje en el extranjero, o haberse ido a casa de su suegra, o estar haciendo el Camino de Santiago, a pie, desde Vladivostok. ¿No es cierto? Llevamos ya un par de meses, como poco.

Al ser un procedimiento administrativo, como una multa de tráfico, no hay lugar para dictar una orden de busca y captura, por lo que al denunciante no le queda más remedio que pedir la notificación de oficio a través de un boletín oficial. Eso, entre solicitudes, plazos, publicación y tiempo de exposición pública supone otros dos o tres meses.

Y una vez que la notificación sea firme, todos podemos ponernos enfermos y solicitar un aplazamiento. Todos podemos decir que nuestro abogado ha renunciado al caso, o que necesitamos uno de oficio, o cualquiera de las cosas que dicen las empresas cuando comienzan los procedimientos de liquidación y quieren darse tiempo para deshacerse hasta de las telarañas antes del emabrgo. Todas esas cosas, ya sabéis, que dilatan meses, o años, los procedimientos judiciales.

O sea que lo de cuatro días, ni de broma. A no ser que seamos tontos, claro.

O a no ser que de pronto la justicia se agilice. No sigo por ese camino porque me da la risa.