Ayer, en casa de unos amigos y mientras veíamos el fútbol, salió el tema de por qué China había venido a Europa a comprar deuda pública.

Todos sabemos que hasta este momento, China es el principal comprador de deuda norteamericana, lo que limita mucho el margen de maniobra de Estados Unidos en la guerra comercial y de divisas que mantiene Occidente con la potencia asiática. Una de las tesis que puede explicar el interés de China por la deuda europea no es que sean macroguays y nos quieran salvar el trasero, sino que los chinos pretenden tener sobre Europa la misma influencia y controlarnos también, cerrando el círculo de su hegemonía comercial y monetaria.

La idea es perfectamente sostenible y significaría que China, al comprar la deuda española, por ejemplo, se convierte en árbitro de las decisiones del Banco Central Europeo, pues puede mandarnos a todos a al quiebra de un sólo papirotazo.

Sin embargo, esta estrategia, como todas, tiene una segunda cara. Alemania y el Banco Central Europeo reciben desde hace tiempo fuertes presiones para devaluar el Euro, pero Alemania se niega, ya que al ser el principal acreedor de la deuda vería que prestó dinero y se le devuelven papelitos. O sea, que Alemania se niega a devaluar el Euro para no ver menguado el monto real de lo que se le debe. ¿Pero qué sucedería si China sustituyese a Alemania como principal acreedor? Entonces a los alemanes les sería mucho más fácil ceder a esas presiones, permitir que se devaluara el Euro y dejar que se devaluase un veinticinco o un treinta por ciento, que es lo que dicen los analistas que se necesitaría devaluar para salir airosos de esta. O no muy despeinados.

Al final, la clave de la victoria va a estar en el temple. Los chinos han demostrado hasta el momento ser más fríos que los americanos. EEUU ha devaluado algo el dólar, pero cautelosamente, porque sabe que de lo contrario los chinos dejarán de comprar su deuda y pueden irse a la bancarrota.

Alemania, en cambio, a pesar de todas las críticas, ha optado por el camino de la austeridad, a sabiendas de que eso puede retrasar la recuperación. Pero austeridad significa no endeudarse más y eso supone independencia en las decisiones futuras. Y si su deuda no aumenta, la estrategia China de hacernos dependientes de su opio monetario puede fracasar estrepitosamente. Y es que siempre fue así: cuando el yonky se desengancha, el camello pierde pasta.

El resultado lo veremos en los próximos meses o en los próximos años. ¿Alguien se atreve a lanzar una apuesta para este combate?

A nosotros está claro lo que nos conviene, pero no va a ser fácil.