Cada día tengo más la impresión de que los sindicalistas, y muchos empresarios, viven todavía en el siglo XIX, imaginando paisajes sociales que no tienen nada que ver con la realidad. Los empresarios y los trabajadores, cada cual pro su lado, van actualizando su mentalidad, por la cuenta que les trae, peor  como los sindicatos viven de los dineros públicos parecen no tener necesidad de adaptar su dialéctica a la realidad exterior, y así les va. Y así nos va.

La huelga era un instrumento de presión útil y eficaz en su momento, pues consistía en dejar de trabajar para, con la ausencia de producción, causar daño económico al empresario. Muy bien. ¿pero qué es la huelga realmente hoy en día y cuales son sus consecuencias? La huelga es un sarao de petardos y manifestaciones en los que se destrozan unas cuantas cerraduras y se dejan de trabajar una serie de horas que no sólo no se cobran, sino que suponen sustanciosos descuentos en la parte proporcional de vacaciones, cotizaciones sociales y demás.

¿Y cual es la consecuencia de la huelga para los empresarios? Pues habrá de todo, pero para la mayoría, entre los que me incluyo, ninguna, como no sea ahorrarnos una pasta en las nóminas a final de mes. El problema de la economía actual es que hay excedentes almacenados de absolutamente todo. El problema hoy en día es que no hay modo de dar salida a los stocks. El bar, ciertamente, pierde las cañas que no sirvió y el restaurante los menús que no puso, pero la gran empresa, el empresario verdaderamente gordo que maneja el cotarro, no sirve cañas ni pone pinchos de tortilla: a Repsol se la suda la gasolina que no venda en un día. Y lo mismo le pasa a FCC, y a Endesa, y al BBVA. La huelga, en realidad, sólo perjudica a algunos pobres pringados, mientras el que puede hacer presión ve reducirse sus costos sin notar ningún impacto real en sus cifras de beneficios.

¿Os pensáis realmente que una industria del automóvil, loca por que le aprueben un ERE, va a llorar sangre porque los trabajadores no acudan al tajo un día, pagándolo además largamente de sus bolsillos?

La huelga era ´útil cuando la producción estaba localizada y vendida de antemano. La huelga era útil cuando no se podía sustituir lo producido aquí por lo producido en Portugal, o en China. La huelga era útil cuando cada día de trabajo sin hacer suponía contratos incumplidos, discontinuidades de stock y desaprovisionamiento, ¿pero ahora?

Ahora es el momenbto de pensar en nuevas fórmulas de protesta, proque a la vista estrá que la huelga gusta cada vez menos a los trabajdores y más a los empresarios. Y eso, como poco, es para desconfiar. ¿o no?

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